El escenario se complica para el Gobierno de Javier Milei
Hay datos que, tomados por separado, se pueden poner en perspectiva. Pero cuando empiezan a superponerse, **crean clima**. En los últimos días han aparecido tres indicadores que, leídos en conjunto, comienzan a pintar un escenario más incómodo para el Gobierno de Javier Milei: **El desempleo aumenta, la confianza de los consumidores cae en el principal distrito electoral del país y el ánimo social se deteriora**. Las tres variables aparecieron, casi simultáneamente, en los últimos días.
El lado positivo: crecimiento económico en 2025
El Gobierno respondió a estos datos adversos con una luz verde que apareció el viernes: el INDEC dijo que el **PIB creció un 4,4% en 2025**. Desagregados, el campo, la minería y la actividad financiera impulsaron este crecimiento. Pero también cerró 2025 con un saldo positivo ni más ni menos que la industria, sobre la que se ciernen fantasmas de todo tipo: cierres, despidos, invasión de la competencia importada… El comercio en su conjunto también aumentó, dato que se conoció el mismo día en que el INDEC dijo que los supermercados vendieron el año pasado un 1,2% menos que hace un año.
Aún no es una crisis. Pero existen dudas de que las luces amarillas alrededor del metro cuadrado de personas sean simplemente un “bache de transición”. Metro cuadrado versus macro, es la pelea del momento.
Preocupaciones en el mercado laboral y el ánimo social
Los primeros datos preocupantes llegaron del mercado laboral. El desempleo volvió a aumentar y, lo que es más importante, lo hizo con una marcada heterogeneidad territorial: el golpe es significativamente **más fuerte en el conurbano bonaerense que en el interior**. No es un detalle técnico. Es, en términos políticos, el corazón del registro.
Además, el deterioro del empleo tiene un sesgo particularmente sensible: afecta más duramente a los jóvenes (**El voto de Milei**?). Según el INDEC, la tasa de desempleo entre quienes tienen entre 14 y 29 años está muy por encima del promedio general y alcanza el 16,2% para las mujeres y el 13,1% para los hombres, consolidándose como el segmento más frágil del mercado laboral. A esto se suma que buena parte de quienes sí encuentran empleo lo hacen en condiciones precarias o informales. Es decir, no es sólo un problema de nivel de empleo, sino de horizonte.
El índice de confianza del consumidor de la Universidad Torcuato Di Tella **mostró una caída explicada casi exclusivamente por el deterioro del Gran Buenos Aires** mientras que en el interior del país el indicador mejora. Traducido: el humor empeora donde se concentran los votos y resiste donde pesan menos en términos electorales.
El índice de irascibilidad desarrollado por Mora Jozami -un agregado de nueve variables que captan el humor social- alcanzó su peor récord, alrededor de -14 en una escala que va de -100 a +100. Es el punto más bajo desde que se mide.
El desafío de traducir la estabilidad en bienestar
Durante 2024 y gran parte de 2025, el Gobierno se apoyó en un activo central: el voto de confianza. La estabilización macro –con la caída de la inflación como bandera– permitió construir una narrativa de dirección correcta, incluso cuando el costo en el “metro cuadrado” de la vivienda era evidente.
Pero ese crédito no es infinito.
«Existe una brecha entre la macro y la microeconomía del hogar», explica Jozami. Si bien los indicadores agregados muestran orden, en la vida diaria los beneficios aún no llegan con la misma intensidad. Los datos son concluyentes: el 63% de las personas declara haber abandonado el consumo, principalmente en ocio, primeras marcas y ropa.
Ahí es donde aparece la ansiedad.
Que no es **todavía ruptura, pero tensión**. La pregunta que comienza a surgir es cuánto tiempo está dispuesta la sociedad a esperar para que la promesa macro se traduzca en mejoras concretas en los ingresos y el empleo.
Sin embargo, hay un hecho que complica el panorama: el deterioro del humor no se traduce -por ahora- en una caída equivalente del apoyo político. El oficialismo sigue conservando una base cercana al 40%, anclada en una combinación de esperanza residual y, sobre todo, en el rechazo a “lo de arriba”.
Ahí está uno de los pilares del modelo político libertario.
Como señala el politólogo Ignacio Labaqui, incluso en un escenario de desgaste, “En la medida que el rechazo a lo anterior supere el descontento con la economía, la reelección de Milei es el escenario más probable” Pero advierte sobre dos efectos más inmediatos: mayor incertidumbre en el mercado -con impacto en variables como el riesgo país- y menor predisposición a la cooperación política por parte de gobernadores y bloques de diálogo.
«El riesgo, en ese sentido, no es sólo económico. También es de gobernabilidad», enfatiza Labaqui. “Porque si la agenda comienza a cambiar –de la inflación al empleo, los salarios y lo que en Estados Unidos llaman “asequibilidad”– el Gobierno se verá obligado a jugar en un terreno menos favorable.
Todo esto ocurre, además, en medio de un hecho que el oficialismo presenta como una contracara: la economía creció en 2025. Es, sin duda, un argumento relevante. Pero también plantea una pregunta incómoda: si la macroeconomía mejora, ¿por qué empeora el estado de ánimo?
La respuesta, de nuevo, se refiere al metro cuadrado.
La Argentina de Milei parece entrar en una nueva etapa. Ya no basta con estabilizar. Ahora comienza el momento de demostrar que esa estabilidad se traduce en bienestar.
El problema es que, como empiezan a demostrar los datos, la paciencia social no es infinita. Y cuando se acaba, el humor, como la política, cambia de signo más rápido de lo que indican los modelos.








