Sin Angela Merkel, un gobierno socialdemócrata para Alemania

La noción de una Alemania perfecta y equilibrada en todos los sentidos choca con el panorama real de un país socialmente convulsionado y eso explica por qué en las elecciones del pasado mes de septiembre se impuso el socialdemócrata Olaf Scholz, hoy nuevo jefe de gobierno del poder.

Angela Merkel, su jefa y aliada histórica, había logrado, entre otros avances, reducir el desempleo, con la ayuda de la nueva primera ministra que fue su ministra de Hacienda durante años. Pero el mercado laboral está contaminado por la precariedad, escenario agravado por la pandemia, hecho significativo que se ve incluso con fuerza en la relación desigual que aún media entre Oriente y Occidente.

Otro problema es la creciente legión de trabajadores pobres, que se sustentan con ocupaciones parciales y mal remuneradas: los llamados “minijobs”. Son trabajos de renta básica, 450 euros al mes, poco para los costes alemanes, y que, aunque en un principio estaban destinados a estudiantes en su primera ocupación, ahora involucran a más de siete millones de personas de un total de 40 millones de trabajadores.

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Hasta ahora, la coalición gobernante en Alemania ha tenido un pie muy fuerte en los salarios. Fueron, sin embargo, los socialdemócratas quienes en 2015 advirtieron de los riesgos de esta represión y promovieron por primera vez, con el acuerdo de la CDU (Demócrata Cristiana de Merkel), un salario mínimo de 8,5 euros la hora que Scholz ha prometido subir a 12 euros si ganaba las elecciones.

Angela Merkel, en Berlín. Foto AP

Soltar

En esta descripción del trasfondo social, se pueden encontrar pistas de por qué los correligionarios del canciller renunciante, aunque solo estuvieron ligeramente por debajo de los ganadores de las elecciones de septiembre, de hecho, sufrieron una tremenda debacle.

Merkel se marcha después de que su partido perdiera más del ocho por ciento del apoyo en esas elecciones en comparación con una de sus peores actuaciones no hace mucho tiempo, en 2017. cuando obtuvo 32,9%. Muy por encima del exiguo 24,1% actual. Solo cuatro años antes, en 2013, el partido del presidente se embolsó poco más del 41 por ciento de los votos, nada menos. Un descenso muy claro.

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¿Fue este un voto de castigo para Merkel? Solo en parte. El electorado, aunque con limitaciones, eligió a un hombre del riñón del Canciller. Scholz agregó el 25.7% de soporte con un crecimiento notable desde el 20.5% de hace cuatro años, pero también, tomando 1.3 millones de votos que migraron desde la CDU. Respuesta clara al complicado entorno social.

Olaf Scholz, el futuro canciller alemán.  Foto EFE

Olaf Scholz, el futuro canciller alemán. Foto EFE

Crisis

Es probable que Merkel la haya dejado ir, de ahí su relativa participación en la campaña. Quizás este sea el momento de una visión socialdemócrataEn términos europeos centristas, por cierto, para intentar paliar las explosivas crisis que vienen de abajo.

Basta observar que las mismas elecciones que concluyeron con este nuevo gobierno y todo el anterior estuvieron marcadas por numerosas huelgas exigiendo aumentos salariales y mejores condiciones laborales. Ese panorama no ha disminuido, más bien todo lo contrario.