Tesla cobrará distintas tarifas de seguros según la forma en que una persona conduzca

Las propiedades mecánicas de un vehículo, como los caballos de fuerza o la tracción, pasaron a un segundo plano. Actualmente, la información más valiosa es el tipo de sensores que intervienen en cada operación y la resolución de la pantalla de conducción. Lo que muchos no saben es que, con todos estos avances, el coche se convierte en el espía menos esperado.

Dado que el teléfono, a través de bluetooth, tiene la posibilidad de emparejarse con el tablero digital, estas ruedas tienen a su disposición una fuente de información que va desde historial de búsqueda, detalles de inicio de sesión de cada aplicación e incluso hábitos musicales.


Debido a que son capaces de tomar pequeñas decisiones de conducción, estos vehículos inteligentes generan alrededor de 25 gigabytes de información por hora. Esto incluye desde la velocidad máxima a la que viaja, con qué antelación se realizan las maniobras, el estado de fatiga y las veces que se suelta el volante para atender llamadas o mensajes.

Esta compilación representa una amenaza real para la privacidad. Con esta reserva de hábitos, quien tenga esta información podrá predecir los próximos movimientos del conductor. Desde la ruta preferida, hasta los posibles errores.

En su defensa, los fabricantes, según la letra pequeña del contrato, reclaman la propiedad de los datos recopilados por el vehículo. Tampoco suelen indicar qué sensores utilizan y cuál es el objetivo de dicha acumulación.

Un estudio reciente realizado por Confused.com mostró que de los 15 principales fabricantes de automóviles, 50% acumula un historial de conducción. Los que obtienen la mayor cantidad de datos de sus clientes son Audi y Tesla.

Cómo utilizan estos vehículos la tecnología infrarroja para leer los movimientos oculares de los conductores y detectan si bajaron la mirada durante varios segundos, en caso de accidente, son capaces de determinar si fue una falla humana o un error del sistema.

La alarma se dispara cuando la empresa, ya sea para aseguradoras o fabricantes de autopartes, decide poner precio a toda esa información acumulada sobre hábitos de conducción.

Para evitar escuchas, los expertos recomiendan eliminar -como en una computadora- los datos personales del almacenamiento del automóvil, negar los permisos de aplicaciones que no lo necesitan y mantenga la información personal bajo llave.

El caso de Tesla

La firma liderada por Elon Musk produce los modelos más sofisticados del mercado. El problema es que Tesla no solo recopila datos en tiempo real sobre la ubicación y la configuración personal del automóvil, sino también Conozca la velocidad, el kilometraje y la frecuencia con la que se recarga la batería.

Además, cuando se activa el piloto automático, saben si el conductor tiene las manos en el volante o se está desvinculando de la ruta. Incluso las cámaras Tesla continúan funcionando cuando el piloto automático está apagado.

La principal crítica a este seguimiento constante es que no tiene fines preventivos ya que su finalidad es analizar el comportamiento de los conductores. En ningún momento se propone alertar sobre posibles riesgos.

El resultado de estas encuestas es un seguro a la medida de cada persona. Así, a través de múltiples sensores Tesla evalúa el comportamiento del conductor y ajusta el precio de la póliza en función de los resultados.

Para establecer el costo mensual se basa en cinco puntos– Advertencias de colisión frontal por 1.609 kilómetros, frenado brusco, virajes agresivos, distancia de seguimiento insegura, desconexión forzada del piloto automático.

Hasta el día de hoy, el costo de las pólizas se determina en función del modelo de automóvil, la edad de su propietario y la zona geográfica en la que reside. Estos parámetros hacen que la tasa se mantenga uniforme, discriminada y agrupada en comunidades que comparten los resultados en varios de estos ítems.

En Tesla, todos los participantes abren su cuenta con una puntuación de 90 unidades, lo que se traduce en un coste inicial de 121 dólares. En el segundo mes las tarifas empiezan a variar, basado en registros de sensores sobre cómo conducía la persona.

Para demostrar que el sistema no implica una desventaja, asegura que una persona con un promedio relativamente bueno podría ahorrar del 20% al 40% en su seguro. Mientras que los usuarios con las puntuaciones más altas podrían ahorrar hasta un 60%.

SL