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sábado, abril 17, 2021

un refugio para los ahorradores conservadores

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La construcción es siempre un negocio. Un negocio de baja rentabilidad, con rentabilidad a medio y largo plazo, pero sumamente seguro. Estas características son las que hacen que el “ladrillo” el clásico paraíso de los ahorradores conservadores. Y hay miles de ahorradores conservadores.

Agreguemos a las ventajas de esta actividad que, en condiciones como las actuales, luego de una fuerte devaluación, los costos de construcción medidos en dólares son baratos comparado con los de otras épocas. Menos dólares hacen más pies cuadrados que al final se venden en dólares, por el valor de la propiedad, a un precio que apenas varía con el tiempo (cuando no lo hace, aumenta). Pero, ¿quiénes son los potenciales inversores en nuevos desarrollos inmobiliarios hoy en Argentina? Personas naturales y jurídicas que obtengan dividendos en pesos y, al convertirlos en metros cuadrados de construcción, en el futuro los conviertan en dólares.

Son los primeros interesados ​​en invertir en obras en el pozo porque, además de dolarizar sus activos, vienen con valores a costo y, en el transcurso de la obra, tienen la oportunidad de vender su participación obteniendo una interesante beneficio y, sobre todo, rápido. Más rápido que esperar a que se complete la construcción. Este beneficio extra esto puede deberse a que han entrado más barato o porque ha aumentado el valor de venta futuro.

Además, el mes pasado, el Congreso Nacional aprobó una ley que promueve lavado de dinero destinado a obra nueva privada y pago diferido de impuestos. El blanqueo de capitales significa que las personas y empresas que declaran ser propietarios de dinero en el país o en el exterior e invierten en construcción, pagan solo una tarifa especial que varía del 5 al 20% dependiendo de cuándo realicen su declaración hasta dos meses después de la fecha de vigencia. de la sanción de la ley.

Con respecto a las exenciones tributarias, en el caso de Bienes muebles, las personas naturales podrán computar un porcentaje de la inversión en obras en el país así como el pago a cuenta de ese impuesto.

Además, el reglamento permite diferir el pago del Impuesto sobre Transmisiones Inmobiliarias de Personas Físicas y del Impuesto sobre la Renta, en el caso de personas jurídicas. La ley también menciona la liberación del pago de impuestos sobre utilidades, ICMS, utilidades por salidas y deudas indocumentadas y créditos bancarios, entre otros. Este patrón fomenta las inversiones en el pozo y aumenta las razones para que más interesados ​​se unan al negocio de la construcción.

Lo que hoy no existe en la Argentina es el comprador final, que se compone de un piso para vivir. Por eso el mercado inmobiliario está estancado, almidonado, muerto. No hay créditos y si hubiera salario no bastaría para pagarlos, no hay expectativa de mejora económica inmediata y nadie quiere mover un dólar si los ha ahorrado o si alguna vez los va a recibir.

Todo porque cree que aún puede ocurrir otra gran devaluación. A esto se le llama expectativas. Y expectativas como ésta no son buenas para el mercado inmobiliario actual, pero sí lo son para la construcción y el mercado inmobiliario del mañana. Un mañana más estable y con altos precios de venta.

La pregunta es si solo los inversores interesados ​​en dolarizar sus ganancias o ahorrar en ladrillos son suficientes para mantener la actividad de la construcción. Y la respuesta es sí, claro, como lo demuestra la enorme cantidad de departamentos vacíos que existen en la ciudad de Buenos Aires. Son la salvaguarda del valor para cientos de inversores que no pueden encontrar algo más confiable que tener metros cuadrados vacíos, aunque convertirlos en dólares es relativamente difícil hoy en día, con un mercado inmobiliario semiparalizado.

¿Existe un mejor escenario para la construcción civil? Por supuesto, el de un mercado inmobiliario activo, con préstamos para vivienda que se puedan pagar al salario medio de la economía y bajos costes de construcción debido al aumento de la productividad. Sería un panorama de ensueño, el paisaje de un mercado sano, hirviente, abundante y en crecimiento.

Puede ser o no en el mundo de las inversiones inmobiliarias, pero la capacidad de reactivar la construcción de toda la economía y, sobre todo, del empleo es legendaria.

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