una pelota que espera milagros, ahora con otro enfoque

El camino parece haberse detenido a tiempo. Hay piedras, tierra alisada, varios pozos y esparcidos. Los autobuses que circulan por allí nacieron hace muchas temporadas y siguen funcionando a pesar del clima y todo. A los lados hay casas despojadas de lujo y acabados; También surgen escuelas impecables con estudiantes vestidos de manera idéntica y elegante.

El viaje a Santa Clara, en la vida cotidiana de Cuba, también ofrece un asombro en pleno verano: la temperatura imposible no impide que se juegue fútbol en la cancha de los arcos sin red. El trueno de los mejores goles es el único sonido alegre que interrumpe la calma. Cuba, país brillante en tantos deportesTambién late al ritmo del juego más popular.

Y que el fútbol cubano tiene una historia de altibajos con una característica que lo retrata: la de sus espasmódicas resurrecciones, de esos milagrosos destellos. Como si siempre estuviera apareciendo. O intentando espiar. Ahora, con la inclusión de jugadores que trabajan en el extranjero. Cuando comience esta semana su campaña para la clasificación para la Copa del Mundo 2022 en Qatar, Cuba ofrecerá un extraño acercamiento a su tradición– Alinee a muchos de sus mejores jugadores elegibles. Durante años, solo cubanos que tenían contratos con el Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (INDER).

Fútbol callejero AP. Postal capturada en La Habana en 2011. (AP)

El delantero del Norel City Onel Hernández; Carlos Vázquez Fernández, defensa de Navalcarnero, de España; y Joel Apezteguía, delantero del Tre Fiori de San Marino, están a disposición de su equipo para el partido de ayer, 24 de marzo, ante Guatemala. Un hecho histórico, independientemente del resultado.

Sin embargo, lo mejor sucedió hace más de siete décadas. En otras épocas, en circunstancias diferentes para la isla más grande del Caribe. Entonces, ese 9 de junio de 1938, Cuba rompió todos los pronósticos e instaló la sorpresa: en el estadio Chapou, en Toulouse, obtuvo la primera victoria de una selección caribeña en un Mundial. Esa tarde, jugaron el tie-break contra Rumanía y ganaron 2-1. Nadie entendía nada en Francia ni en el planeta del fútbol. Cuatro días antes, en el mismo estadio, el resultado ya había sorprendido: un 3-3 ante el mismo rival europeo tras un tremendo partido que duró más de 120 minutos.

Él tenía personaje épico esa aventura por Europa. Un gol del Bindea rumano, en la primera parte, parecía mucho el principio del final, del desenlace indeseable. Pero no. Había espíritu de lucha y convicción en ese equipo que había llegado al Mundial de Francia por deserciones de Costa Rica, Guayana Holandesa (ahora República de Surinam), El Salvador y México.

En cinco minutos, entre Socorro y Maquina -los dos goleadores al inicio de la segunda parte- convirtieron la derrota en un triunfo memorable. Posteriormente, entre el coraje y las manos del portero Ayra, se sostuvo la victoria y la clasificación.

En los cuartos de final del primer Mundial de Francia, tres días después, en Du Fort Carre, en Antibes, se rompió el hechizo contra Suecia: 8-0 y adiós. Juan Tuñas, último superviviente de ese encuentro, fallecido en 2011, dijo una vez: “Antes del partido nos consideraban favoritos por nuestra forma de jugar. Pero sucedió algo que no esperábamos: llovió y el campo se inundó. No estábamos acostumbrados. Con eso, resbalamos varias veces y terminamos perdiendo por 8 a 0 “.

En ese momento, por supuesto, no había posibilidad de cambiar enchufes y / o botas para cuando el campo era pesado o resbaladizo. De la misma forma, además de cualquier calzado sin marca ni publicidad, ya habían construido el capítulo más feliz de la historia del fútbol cubano. Con un detalle añadido: ningún equipo de CONCACAF (ni siquiera México o Estados Unidos en casa) superó los cuartos de final en una Copa del Mundo. Antes, en 1930, Los yanquis Subieron al podio, pero en las semifinales fueron derrotados 6-1 por Argentina, que -con Stábile y Peucelle como protagonistas- logró marcar tres goles en siete minutos.

La gloria de Cuba se retrató en blanco y negro. Nunca podría repetir esa hazaña. Ni siquiera estuvo cerca. De hecho, no ha vuelto a ir a un Mundial. Y, además de dos participaciones olímpicas, tampoco logró fortalecerse a nivel regional (fue recién en 2012 que ganó el oro en la Copa del Caribe por primera vez). Curioso caso de un país que tantos grandes deportistas le dieron al mundo. De Javier Sotomayor y Pedro Lazo a Iván Pedroso y Mijaín López. El fútbol sigue esperando su crack.

Para promover este deporte en Cuba, en algún momento de 2003, A Fidel Castro se le ocurrió la posibilidad de contratar al amigo Diego Maradona. Pero quedó así: un entusiasmo que murió al nacer. La estrella argentina y universal, en cualquier caso, siempre ha recordado esos días con cariño. Y destacó, siempre que pudo, que era (y es) seguidor de su equipo favorito en la isla, los llamados Leones del Caribe. Si bien esas palabras aún llevan el fútbol cubano al mundo, en el campo todos los que simpatizan con este deporte esperan una nueva hazaña.

Se dice que todo surgió el 11 de diciembre de 1911: el primer partido oficial se jugó en el predio del extinto Campo Palatino, en el barrio Cerro. Pero ese deporte ya había nacido bajo sus cielos. En febrero de 1910, por ejemplo, un grupo de jóvenes cubanos y españoles -representantes del flamante Sport Club Hatuey- se enfrentó a un equipo de marineros de un barco inglés recién llegado a La Habana. Recibieron con goles: 8-0 vencieron a los locales.

Fue un hito que vive en pocos recuerdos. Pero eso está ahí, golpeando en algún lugar de la historia, para convertirse algún día en un nuevo regalo. En otro amanecer. En el próximo milagro. Con un nuevo look.

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