¿Vacaciones de invierno en el verano europeo? Claves de una temporada con aeropuertos caóticos y largas esperas

Si tienes pensado viajar a Europa o moverte dentro del Viejo Continente en los próximos meses, empaca una buena dosis de paciencia en tu maleta.

La pandemia significó que el sector turístico europeo se detuvo en seco. Apenas hubo viajes por ocio en 2020 y muy pocos en 2021. Este año el sector, que supone más del 10% del PIB europeo y más del 10% del empleo, se está recuperando a tal velocidad que agarró las empresas sin la preparación necesaria. Viajar a Europa o dentro de Europa se ha convertido en los últimos meses un calvario.

Los gobiernos europeos esperan que este verano boreal se rompan todos los récords de llegada de turistas en un continente que cuenta con la primera potencia turística del planeta con los últimos datos prepandemia (Francia, 89 millones de visitantes), la segunda (España, 83 millones) , el quinto (Italia, 62 millones), el octavo (Alemania, 39 millones) y el décimo (Reino Unido, 36 millones).

Pero para eso, el sector de los viajes debe empezar a funcionar mejor o la sucesión de escenas caóticas en los aeropuertos puede provocar la desbandada de los viajeros.

La Comisión Europea, los gobiernos y las empresas reconocen ahora, con la temporada alta turística ya iniciada, que no previeron una recuperación tan rápida.

Falta de personal

Cuando estalló la pandemia, las aerolíneas, aeropuertos, hoteles o agencias de alquiler de coches se deshicieron de personal. Ahora no pueden recuperarlo. Los sindicatos dicen que la gente quiere trabajos que estén menos expuestos a cierres y mejor pagados.

La mayoría de los grandes aeropuertos europeos están trabajando al límite o lo han superado. En las últimas semanas, los viajeros han tenido que hacer colas que no se recuerdan, más de 5 horas de espera en muchos casos.

Los aeropuertos medianos sin cientos de vuelos al día, como Edimburgo, tuvieron colas de cuatro horas la semana pasada para lo que normalmente se podría hacer en menos de 15 minutos. En Amsterdam los pasajeros y el personal de tierra de las aerolíneas entraron en manos.

Vuelos suspendidos

Ante la incapacidad de los aeropuertos para gestionar el elevado número de vuelos algunas aerolíneas están suspendiendo masivamente su frecuencia.

Brussels Airlines anunció que tenía previsto que solo en julio y agosto tendrían que suspenderse más de 900 vuelos, lo que afectaría a más de 40.000 personas.

Por ahora, los aeropuertos secundarios más pequeños, utilizados por aerolíneas de bajo costo para conectar ciudades pequeñas cerca de ciudades grandes, son más resistentes. Los vuelos que salen de estos aeropuertos suelen ser más baratos y son instalaciones con mucha menos afluencia de gente.

A la situación en los aeropuertos se suman las amenazas de huelga de los controladores aéreos y los avisos ya en marcha de paros de varias aerolíneas, entre ellas el gigante de bajo coste Ryanair.

Las reivindicaciones salariales en Brussels Airlines llevaron a la suspensión de más de 200 vuelos solo este lunes. En horario normal, los aeropuertos piden a los pasajeros que lleguen a sus instalaciones entre una hora y media y dos horas antes de la hora prevista para su partido. Ahora piden tres o más horas.

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Todos en la industria se culpan unos a otros. Las aerolíneas aseguran que confirmaron sus vuelos a los aeropuertos con fecha y hora desde finales de marzo y que no han podido adaptarse. Las empresas que gestionan los aeropuertos dicen que dos o tres meses no es tiempo suficiente para preparar sus instalaciones (porque despidieron a miles de empleados y ahora no encuentran reemplazos).

Los aeropuertos no sabían a principios de año si este verano boreal iba a ver despegar el turismo o si la variante omicron lo convertiría en otro verano perdido.

Algunas han extremado medidas desde mayo, como la de Ámsterdam, que decidió limitar el número de vuelos a una cifra diaria inferior a la que manejaba en 2019, pese a que si fuera por las aerolíneas habría cientos de vuelos más.

El tren tampoco es una alternativa fiable debido a las huelgas. De martes a jueves, más de 40.000 empleados de los ferrocarriles británicos dejarán de trabajar. El viernes lo hicieron miles de empleados italianos de trenes, autobuses y transbordadores.

Bruselas, especial

CB