El parlamentario Agustín Fernández, del bloque de independencia, dijo que el papado de Francisco «era un faro en el medio de la tormenta, en un mundo convulsionado» y que Jorge Mario Bergoglio «fue la voz que nunca silenció, que denunció la indiferencia global, cuestionó la vida poderosa y certificada en todas sus formas y gritó por la humanidad más fraternal».
Según el diputado Eduardo Valdés, del Frente Peronista Unión para la patria, Bergoglio «sintió que, para venir a Argentina, tenía que ser una promesa de unidad».
«Hoy ha tenido éxito, Francisco. Aquí está la Cámara de Diputados, con el acuerdo de todos los presidentes de los bloques que han decidido detener el concurso político y tomar un tributo respetuoso», dijo Valdés, quien se desempeñó como embajador argentino para la Santa Sede durante el gobierno de Cristina Fernández (2007-2015).
A su vez, el diputado Santiago Santurio, de los avances de la Libertad, dijo que Francisco era «disruptivo» y «controvertido» y que «tenía conflictos con todos los bancos políticos», pero «a pesar de esas controversias, siempre ha preparado la unión de los hermanos».
«Tenemos que estar orgullosos como argentinos de este argentino, el más importante en la historia y lo que le dio al mundo de nuestras raíces y nuestra cultura. Si no viniera a Argentina, fue porque su misión era llevar a Argentina al mundo», consideró Santurio.








