El Gobierno apuesta por la reactivación del crédito como motor para impulsar la actividad económica y llegar a más sectores clave en la economía. La expectativa es que el crecimiento se extienda más allá de la agricultura, la energía y la minería, generando un aumento de los ingresos y contribuyendo al superávit fiscal. Sin embargo, una fuente del sector bancario advierte que, si bien se espera que el año 2026 cierre mejor que el final de 2025, no se debe esperar un boom de reactivación hasta 2024.
El Ministerio de Economía y el Banco Central instan a los bancos a mejorar el crédito al sector privado. A pesar de que las tasas de interés han disminuido, los activos siguen siendo casi tres veces más altos que los pasivos, lo que plantea preocupaciones sobre la proyección de tasas para 2027 y la incertidumbre en torno a posibles medidas durante un año electoral. Esta situación ha llevado a los bancos a enfrentar pérdidas en sus balances debido al aumento de la morosidad y a haber prestado a tasas más bajas en el pasado.
A pesar de las buenas noticias económicas, como la caída del riesgo país y la desaceleración de la inflación, los bancos se mantienen cautelosos mirando hacia 2027. La incertidumbre sobre las tasas de interés futuras y las medidas que se tomarán plantea desafíos para el sector financiero. Si bien se espera un crecimiento del crédito en 2026, la demanda se ve afectada por la morosidad, la brecha entre préstamos activos y pasivos, y la situación laboral de las familias.
En cuanto a la actividad económica, se observa un aumento del 1,7% interanual en el primer trimestre, con previsiones que apuntan a un crecimiento gradual a lo largo del año. Para impulsar el crédito y la actividad económica, expertos como Javier Ortíz Batalla sugieren que se necesita un discurso racional en la política monetaria y cambios en la política cambiaria. Se espera una recuperación gradual, con un enfoque en la normalización de las tasas de interés y la flexibilización de la política cambiaria.
En resumen, el sector financiero se prepara para un año de desafíos y oportunidades, con la esperanza de un crecimiento sostenido del crédito y la actividad económica. Las medidas que se tomen en materia de política monetaria y cambiaria serán clave para generar confianza y fomentar la inversión y el consumo. La incertidumbre sobre el futuro plantea interrogantes, pero se espera que, con un enfoque estratégico y colaborativo, se puedan superar los obstáculos y alcanzar un crecimiento sostenible en el sector bancario y en la economía en su conjunto.








