La gestión urbana del alcalde de Córdoba, Daniel Passerini, ha desencadenado una polémica de proporciones en torno al futuro de la empresa Dioxitec SA. La decisión de calificar como «improcedente» el pedido de prórroga por ocho años para la operación de la planta en el barrio Alta Córdoba ha levantado serias alarmas en diferentes sectores. Se estima que esta medida no solo impactaría en una autorización administrativa, sino que también podría resultar en la pérdida de alrededor de 150 puestos de trabajo altamente especializados.
La controversia se intensifica al no existir una alternativa inmediata para trasladar la producción, dejando a los trabajadores en medio de una disputa política entre el municipio y el gobierno nacional en relación a la gestión de recursos y responsabilidades institucionales. Es importante destacar que Dioxitec es un eslabón clave para el sistema nuclear argentino, siendo la única instalación del país capaz de purificar uranio y transformarlo en dióxido de uranio, insumo fundamental para la producción de combustible para los reactores nucleares argentinos.
Expertos del sector nuclear advierten que si se interrumpiera la producción, el ciclo del combustible nuclear argentino se vería gravemente afectado, pudiendo incluso obligar al país a importar este insumo estratégico desde el exterior. Esto no solo representaría una pérdida de autonomía tecnológica construida a lo largo de décadas en materia nuclear, sino que también tendría graves repercusiones a nivel industrial y de seguridad.
La preocupación de los trabajadores es palpable, ya que alrededor de 150 empleados altamente especializados se encuentran en una situación de incertidumbre sobre el futuro de sus puestos laborales. La eventual pérdida de este capital humano tendría consecuencias devastadoras para la industria nuclear local, afectando no solo a los trabajadores directamente involucrados, sino también a una red de pymes proveedoras ubicadas en Córdoba y Mendoza.
El debate sobre la reubicación de la planta a la provincia de Formosa ha generado fuertes discrepancias, ya que la nueva instalación aún no está completa. La solicitud de prórroga de ocho años buscaba garantizar el tiempo técnico necesario para concluir los trabajos en el norte del país y realizar una transición gradual de operaciones. Negar este plazo podría llevar a la empresa a cesar sus operaciones antes de que exista una alternativa viable.
En medio de este conflicto, se vislumbra un impacto industrial de gran magnitud que combina cuestiones ambientales, laborales y estratégicas para el desarrollo tecnológico del país. La discusión sobre la continuidad de Dioxitec trasciende la esfera administrativa y plantea interrogantes sobre el futuro de una industria vital para el tejido científico e industrial argentino. La interrupción de esta actividad no solo implicaría la pérdida de empleo cualificado, sino también el riesgo de afectar un eslabón clave del ciclo nuclear argentino, con consecuencias que podrían extenderse mucho más allá del barrio Alta Córdoba.
En definitiva, el futuro de Dioxitec y sus trabajadores es incierto, y las decisiones que se tomen en los próximos días tendrán un impacto significativo en el desarrollo nuclear argentino y en la estabilidad laboral de cientos de personas. Es fundamental encontrar soluciones que permitan garantizar la continuidad de esta empresa estratégica para el país y evitar la pérdida de empleos altamente especializados en un sector tan crucial como el nuclear.








