El 2025 llega a su fin y en Argentina se respira una incertidumbre palpable. ¿Cuándo llegará el cambio tan ansiado por el electorado de Avances de la Libertad? Después de un año que muchos describen como de «acomodamiento», las esperanzas de los ciudadanos para el 2026 se mantienen, aunque con ciertas reservas. La paciencia es una virtud, pero tiene sus límites.
Según la última encuesta de Consultores DC, realizada entre el 13 y 15 de diciembre a nivel nacional, el 60,38% de los argentinos espera que el 2026 sea un año de «despegue y éxito» para el país. A primera vista, este dato suena optimista, pero un análisis más profundo revela que hay matices que el gobierno de Javier Milei no puede ignorar.
El apoyo a la gestión no es incondicional. Un 13,21% de los encuestados considera que será un año «regular, necesitamos ver resultados», mientras que un 19,81% anticipa directamente un «mal año» porque el modelo «no arranca». Juntos, representan un tercio de la población que mantiene serias reservas o simplemente no cree en el proyecto oficial.
La consultora identifica una progresión clara: 2024 fue el año del shock, 2025 fue el año de la acomodación y el 2026 se perfila como el año de la verdad. La sociedad argentina parece haber firmado un contrato por resultados, no un cheque en blanco. Se acabó la luna de miel ideológica y comienza la etapa donde lo que cuenta son las mejoras tangibles en el bolsillo.
En cuanto a la AFA, un rotundo 84% exige cambios drásticos: el 48% pide directamente que intervenga el Gobierno y el 36% exige elecciones anticipadas. Solo un 16% apoya la continuidad de Claudio «Chiqui» Tapia al mando. Este rechazo no es solo deportivo, sino político. Los ciudadanos ven a ambos como parte del viejo sistema que el nuevo sentido común pragmático quiere eliminar.
Otro indicador de este cambio cultural se refleja en la postura sobre la explotación minera. El 68,27% está a favor porque «trae desarrollo», mientras que el 31,73% la rechaza por contaminar. La sociedad demanda desarrollo e inversión privada como impulsores de la nueva Argentina, priorizando la productividad sobre las restricciones ideológicas.
2026 será el año en el que se sabrá si finalmente arranca este modelo económico o si la sociedad argentina, una vez más, deberá replantear su rumbo. Por ahora, la mayoría sigue apostando por el despegue, pero la ventana de oportunidad no estará abierta para siempre. ¡El futuro de Argentina está en juego, y la paciencia del pueblo tiene un límite!








