La Inflación en Argentina: Un Reto Persistente
No había pasado ni un mes desde nuestra última conversación, cuando **Orún** regresó de **Marte**. Esta vez me interesa saber qué pasa con la inflación, dijo. Mira, Orun, el **la inflación bajó** inicialmente de tres dígitos por año a un rango que hoy oscila alrededor **2,5% mensual** que equivale a un **tasa anual** de alrededor del 30%. Un logro formidable comparado con el punto de partida, pero que comienza a mostrar una **persistencia** incómoda.
Un Desafío en Crecimiento
En los últimos ocho meses, el aumento de **1,5%** el pasado mes de junio a **2,9%** en enero. Seguramente volverá a bajar, pero estamos lejos de **apuntar** de un **dígito anual**.
¿Por qué no bajas más rápido? Preguntó Orun con esa franqueza marciana que ya conozco de él.
La respuesta tiene que ver con la inercia inflacionaria. En las experiencias exitosas de **estabilización**—**Chile** e Israel son los casos más citados en la literatura económica: los últimos tramos del **desinflación** Siempre fueron los más lentos y políticamente más costosos.
La Estrategia para Alcanzar un Dígito Anualmente
El **inflación** ‘se estanca’ en ciertos niveles porque los agentes económicos comienzan a indexar **salarios** contratos y precios basados en la inflación pasada, no en la inflación futura. Además, como muestran las encuestas hoy en Argentina, la sociedad ya no valora tanto **caer del 2,5%** hacia **2% mensual** a un dígito anualmente, según se estima que bajará de **25%** hacia **2,5% mensual**. El esfuerzo de la última milla es enorme y los beneficios percibidos son cada vez menores.
Entiendo, dijo Orun. Pero entonces ¿cuál es la **estrategia** alcanzar un dígito anualmente?
La verdad es que no está del todo claro. para bajar el **inflación** Desde niveles moderados hasta dígitos anuales, los países necesitan un **anclaje nominal** explícito que da señales claras a los formadores de **precios**. Las opciones clásicas son las **tipo de cambio** la cantidad de dinero o el **tasa de interés**. En el caso argentino, los tres presentan complicaciones.
El Rol del Equilibrio Fiscal
y el **equilibrio fiscal** ¿No es suficiente como ancla? preguntó, recordando nuestra conversación anterior. No, respondí, y es una confusión común. Él **equilibrio fiscal** Es una condición necesaria para la estabilidad –sin ella no hay programa que funcione– pero no determina en sí misma la **nivel de inflación** al cual converge **economía**. La inflación es un fenómeno monetario y para detenerla se necesita un ancla nominal.
A **ancla monetaria** Requiere una meta “nominal”, como que la cantidad de dinero crezca al dos por ciento mensual. El problema es que Argentina está atravesando un proceso de **remonetización**: a medida que la inflación baja y la gente recupera la confianza en el peso, se demanda más dinero para **actas** cada día.
si el **Banco Central** no acompaña este proceso, y si se aferra al 2%, la política monetaria se volvería excesivamente contractiva y ralentizaría la actividad. Gestionar la cantidad de dinero en ese contexto es técnicamente muy complejo.
Explorando Otras Alternativas
y el **tasa de interés**?, preguntó Orún. En Marte es el instrumento más utilizado para anclar expectativas.
También en la Tierra es el mecanismo más extendido. Se podría utilizar, pero actualmente en Argentina la tarifa muestra una **volatilidad inusual** por lo que claramente no se utiliza como señal de política monetaria.
Orun hizo una pausa. ¿Entonces vuelven al tipo de cambio? vi eso **el peso apreciado** bastante.
En la práctica así parece, aunque no parece haber sido intencionado. **política económica**. Sin embargo, parece que no molesta al gobierno y que puede ayudar a bajar un poco la inflación. Pero el nivel actual está teniendo efectos secundarios en el nivel de **actividad**.
Desafíos y Oportunidades
Es cierto que Argentina va a generar más **dolares** gracias a mayores exportaciones de minería, agricultura, energía y **economía del conocimiento** entre otros. Pero también es cierto que hay que evitar lo que se conoce como enfermedad holandesa.
no sabía que había enfermedades **económico** dijo Orún. ¿Puedes explicarme?
El término fue acuñado en la década de 1960 en los Países Bajos (Holanda). Tras el descubrimiento de grandes yacimientos de gas natural en el Mar del Norte, el florín holandés se apreció tanto que **exportaciones** Las empresas manufactureras del país dejaron de ser competitivas, lo que provocó un **aumento** del **desempleo** y una crisis en la industria tradicional.
Desde ese momento, los países han tratado de impedir su **monedas** Se valoran demasiado a sí mismos y toman medidas para evitarlo.
¿Y qué podrían hacer?, preguntó Orun.
No es fácil, pero tal vez sea más agresivo en el **compra de dolares** o bien aprovechar la situación para levantar la trampa, lo que podría ayudar a encontrar un equilibrio más genuino en una **economía** con menos controles. Es una buena oportunidad para elevar el **cepo** porque se haría desde una posición de **fortaleza** como el actual.
El Camino por Recorrer
Orun asintió con ese gesto que ya he aprendido a interpretar como señal de que se avecina la pregunta más sustantiva. Ahora bien, dados los problemas que mencionas con las diferentes alternativas de **ancla no clasificada** ¿No podrías ir a un **régimen** de metas de inflación, como la que tienen varios países de la región?
Sí, respondí, y probablemente sea el camino más razonable a medio plazo. En Argentina ya se intentó con Macri, pero luego hubo **déficit fiscal** lo que hizo imposible que los objetivos fueran creíbles.
Hoy el contexto es diferente: el **equilibrio fiscal** Le daría al régimen de objetivos la base de apoyo de la que antes carecía. Pero habrá que esperar hasta que exista la convicción de hacerlo ya que el **Banco Central** tener la independencia para poder cumplir el objetivo.
Orún guardó silencio. “Así que el desafío no es sólo técnico, sino también **institucional**» Exactamente, le dije. En la recta final de la desinflación, la batalla se gana tanto en el **mercados financieros** como en las expectativas. Y para eso es necesario no sólo tener un plan, sino contarlo de forma clara y coherente.
Se levantó para irse, pero primero me miró y me dijo: “La próxima vez que nos juntemos quiero que charlemos con un mate en la mano, ¡cómo debe ser!”.








