«Creo en la globalización como una fuerza contra el fanatismo»

Ni la fatwa islámica ni los estereotipos culturales van a aniquilar a Salman Rushdie. Ha elegido una historia de amor y el rock and roll para combatir con pura literatura los resabios de un edicto religioso. La sentencia fue dictada por los fundamentalistas iraníes el 14 de febrero de 1989, a raíz de su novela Versos satánicos, que él define como un relato sobre migraciones.

Durante más de diez años vivió escondido, de manera que su amor por la palabra fue acompañado de una campaña militante para sobrevivir y para vivir como todo el mundo, lo que incluyó el derecho a desplazarse en las aerolíneas que quisiera, que en más de un caso se negaban a transportarlo. Hace un año Gran Bretaña, donde Rushdie vive desde la adolescencia, e Irán restablecieron relaciones diplomáticas, con el público compromiso iraní de no llevar adelante institucionalmente la condena. Pero aunque se haya suavizado, la fatwa no desapareció del todo como amenaza.

No obstante, Rushdie ha conseguido que lo lean por su literatura y no sólo por su condición de escritor perseguido, musulmán y combativo, cuya seguridad cuesta al estado británico 1.500.000 dólares al año.

Con la calma de Buda, la pasión de un italiano cuando defiende sus posiciones y la erudición de un indio culto para justifica- carlas, Rushdie recibió a Clarín en un piso 29 de un hotel barcelonés para hablar de El suelo bajo sus pies, su última novela.

Hoy tiene menos pelo, las bolsas que flotaban bajo sus ojos han desaparecido mágicamente sin que nadie se atreva a preguntar. Se ríe a carcajadas, está distendido y él mismo abrió la puerta de su suite, ante el asombro de la policía.

–¿Cómo fue que escribió ahora esta historia de amor?

–Me sentí cada vez más interesado por esta cuestión del amor. Seguramente influye que estoy feliz y enamorado.

–¿Cuánto de autobiográfico hay en Rai, el personaje central?

–El tiene algunos de mis pensamientos en su cabeza pero también es un personaje. Lo que me gusta de él es que en otras cuestiones no es como yo. Rai es el personaje más interesante del libro porque llega a cambiar.

–Su libro transcurre en Bombay pero sus recursos recuerdan los de Gabriel García Márquez para recrear Aracataca. ¿Muchos de sus personajes son tan reales como su historia?

–Ciertamente, mi visión esta ahí. En el caso de Bombay, hoy día ya queda muy poco. Ha cambiado muchísimo. Se trata más bien del retrato de lo que fue. El Bombay de entonces es la ciudad anterior a toda destrucción. Con respecto a García Márquez, todo el mundo me señala la semejanza, desde la aparición de mi primera novela, Hijos de la medianoche, pero yo no sé hasta qué punto es cierta. Según mi punto de vista, él es un muy buen escritor. Trata de reflejar su realidad y yo trato de reflejar la mía.

Salman Rushdie con Clarín, en 1999. (Foto: Daniel Mordzinski
Salman Rushdie. Foto: Daniel Mordzinski.

–¿Por qué una novela basada en el rock en el final del siglo XX?

–Primero, porque estamos al final del siglo en que esta música ha llegado a todos los rincones. También porque no quería escribir sobre política sino sobre lo que ocurría en la calle a mediados de este siglo, en el Este y en el Oeste, y sobre la música que estaba al alcance por entonces. Además, es la música de mi generación, en cierta medida.

– ¿El rock es el único de los sueños revolucionarios que sobrevivió?

–Supongo que sí, pero tampoco es el mismo rock de antes. Hoy es menos revo- lucionario, ha pasado de ser un gran negocio.

–¿Se podía ser rockero en la India de sus años juveniles?

–Eso es lo que digo: el rock llegó a todos lados. Unos días atrás estuve conversando con unos periodistas que, estando en China, les preguntaron a algunos sobre la música occidental. Y los chinos respondieron que en los años 50 escuchaban a Mozart y Beethoven pero entendían mejor a Elvis Presley. Realmente es muy llamativo que hace un tiempo apenas, en China no existieran medios de comunicación masivos y globalizados. El rock se convirtió en lo masivo por excelencia.

–¿Usted toca algún instrumento o quiso ser cantante?

–Me encantaría cantar si supiera. De chico me enseñaron piano y cítara. Ahora lamento haber frenado mis estudios. La cítara es muy difícil y si no continuás las prácticas, se convierte en algo imposible. Además la cítara está hecha de un zapallo. La que yo tenía se la comieron pequeños animalitos. Había un ratoncito en la casa y acabó con mi cítara. Es culpa del ratón, nunca lo volví a intentar.

Salman Rushdie con Clarín, en 1999. (Daniel Mordzinski)






Salman Rushdie. Foto: Daniel Mordzinski.

Salman Rushdie con Clarín, en 1999. (Daniel Mordzinski)
Salman Rushdie. Foto: Daniel Mordzinski.

–Esta novela sobre el mundo del rock parece tan lejana de la cuestión religiosa que desató hace una década Los versos satánicos.

–No, no es tan así, porque Versos satánicos ni siquiera se refiere a la religión, que aparece de un modo muy subsi- diario. En El suelo bajo sus pies la religión está ahí, en cada uno de los personajes. Rai es muy escéptico. Vina, el personaje femenino, toma todas las cosas como vienen. Ella sigue siempre las últimas tendencias. Cree en todo.

–En esta novela usted despliega una fascinación por México.

–La simple razón de que incorporara a México es que yo necesitaba un lugar para un terremoto que no fuera parte de la vida cotidiana de mis personajes, lejos de donde ellos vivían. Yo estuve invitado a vivir en una villa mexicana, con amigos, y desafortunadamente, en mi libro decidí destruir la villa. No fue muy cortés porque en ese momento yo me encontraba en esa casa. Destruí una buena parte de la costa del Pacífico mexicana, que continúa con vida y en perfectas condiciones. La pura verdad es que visité México dos veces, pero especialmente lo elegí porque no quería poner ese terremoto con mis personajes en Nueva York.

–En la novela aparecen unos guitarristas muy al estilo cuchillero argentino. ¿Cómo es eso?

–(Se ríe a carcajadas). Soy fanático de la Argentina desde que empecé a leer a Borges, cuando era muy chico. Como usted sabe, los cuchilleros eran una pasión de Borges. Yo nunca lo conocí personalmente pero su influencia durante mi juventud fue enorme. Borges fue el primero que me ayudó a descubrir la literatura y, en este libro, él es muy importante en diferentes formas. A partir de él es que escribí acerca de los universos paralelos.

–En su novela, usted mata a Vina el mismo día en que a usted le dictaron la fatwa.

–No fue tanto el hecho de matar a Vina sino cómo tomé la decisión de que la novela comenzara ese día. La fecha está puesta en la primera frase porque perdí mucho en estos diez años y quería que me devolvieran ese tiempo.

–Sin embargo, fue la fatwa, más que sus libros, lo que lo hizo más famoso. ¿No corre el riesgo de haberse convertido más que en un novelista en un escritor testimonial a causa de la fatwa? ¿Por qué es necesario ser un escritor testimonial? Muchos no han leído sus libros, ni si- quiera los Versos…, y sin embargo, lo conocen.

–Los Versos… son una novela, no un libro autobiográfico. Es cierto que mi escritura pudo haber sido oscurecida por el escándalo, pero a mí lo que me interesa es hablar de literatura. La forma en que yo escribía y cómo me comportaba fue inventada por otra gente y todo eso cayó sobre mí. Lo cierto es que ése no era yo; éste soy yo. Para descubrir quién soy la respuesta está en mis libros, incluidos los Versos, que no es un relato testimonial sino una novela. Y para muchos, una buena novela.

–¿Usted cree que el haber estado escondido durante tantos años modificó su esti- lo literario?

–Hubiera pasado aun si no hubiera estado escondido. “Escondido” es una palabra que siempre odié porque tiene la clase de atmósfera, la identificación con ser una víctima. No es bueno ser una víctima; no es un rol que yo quiero. Y lo rechazo. No estuve escondido durante estos diez años: la gente que me quería ver me podía ver. Lo que hacía era algo mucho más visible que esconderme. Estaba haciendo una campaña política muy difícil, que me obligaba a viajar a todo el mundo, encontrar- me con cancilleres y políticos. Tuve que convertirme en alguien que hacía una campaña política, además de seguir siendo escritor. Y fue muy difícil porque el lenguaje de los políticos no es el mismo que empleamos los escritores. El lenguaje de los escritores revela la verdad y el lenguaje de los políticos está diseñado para ocultarla. Y si lo hice fue para pelear por algo más que por mi propio libro; lo hice como una forma de defender todo tipo de libertades.

–Durante todo este período, ¿usted perdió amigos, perdió amores?

–No, gané muchos amigos. Fue extraordinario: muchísima gente se acercó, incluso gente que no había sido muy próxima antes se volvió amiga. Mi matrimonio se acabó rápidamente después que comenzaron los problemas, pero estaba bastante destruido antes de ese momento.

–Pero usted se volvió a enamorar y tiene un hijo. ¿Le cambió la vida y su estilo de escribir?

–(Risas.) Todos notaron que me casé. La verdad es que me casé dos años atrás, pero estuvimos juntos durante más de 9 años. Cuando escribí los últimos tres libros, la situación ya era la misma. Me casé porque es increíble las cosas que un niño puede provocar: por ejemplo, que me haya casado. Soy un hombre afortunado en mi vida personal. Y en cuanto a mi estilo, no sé realmente qué pasó. Creo que es más fácil que lo digan los lectores. A veces uno escribe libros muy negros cuando está feliz o libros muy felices cuando está muy deprimido. No hay ningún vínculo evidente. Pero tengo una mejor opinión del amor como resultado de lo que viví en los últimos ocho años.

–¿Qué credibilidad tiene para usted la palabra oficial proveniente de Irán? ¿Cree que la fatwa continúa existiendo o usted decidió pelearla públicamente e ignorar el edicto?

–El compromiso es completamente real; no hay un solo cuestionamiento que no sea real. Que fue una amenaza concreta y tangible no sólo es mi opinión sino la de los servicios de inteligencia británicos. Mi visión es que la respuesta a la fatwa es continuar con lo que yo hago. No soy político y no puedo resolver las cuestiones políticas. Esto debe ser resuelto por los políticos. Pero como usted sabe, se han hecho progresos en ese frente. Lo que yo creo que puedo hacer es mostrar que no he sido destruido, y lo muestro simplemente escribiendo libros. Escribir la clase de libros que yo quiero escribir, antes que libros que sean una respuesta a esta cuestión política. Lo que me frustra es que mi escritura estuvo durante mucho tiempo basada en temas sobre los que nadie me preguntó. Ahora, afortunadamente, en este libro la atención ha vuelto a lo esencial y es un gran placer.

–Cuando el gobierno británico y el gobierno iraní hicieron este acuerdo sobre la no aplicación del edicto, ¿cree que se trató meramente de un gesto simbólico para reanudar relaciones diplomáticas o que fue genuino?

–No creo que ni el gobierno iraní ni nadie en Irán piense en la fatwa. Ha sido una cuestión demasiado importante. Lo que creo que se ha abandonado es la política de esponsorear el terrorismo, que era la mayor amenaza. El problema es que el gobierno iraní no necesariamente con- trola todos los elementos en Irán; por lo tanto hay una amenaza de grupos marginales. Previamente la amenaza era directamente desde el gobierno, lo cual era una cuestión mucho más seria.

–¿Cómo combate el miedo de vivir con esta amenaza?

–El miedo no es algo en lo que piense demasiado. La gente tiene la idea de mí sentado en un rincón, temblando. Por suerte estoy demasiado ocupado para hacer eso. No es un tema de peso para mí.

–¿Usted se siente un indio o un indio colonizado?

–(Se ríe.) Es una muy buena pregunta. No, no pienso como un indio colonizado. Hay dos millones de personas con ascen- dencia india viviendo en Inglaterra. Habría que preguntarles a ellas si se sienten colonizadas.

–¿Cuál es la India que extraña: la India real o la que usted recreó míticamente tras muchos años de vivir en el extranjero?

–Crecí en India. No creo en una India mítica. Es un país que conozco muy bien.

–¿Aun después de tantos años fuera del país?

–¿Les preguntó esto a otros escritores exiliados? La figura del escritor exiliado no es nueva. Déme la chance de creer que sé de lo que estoy escribiendo. El fenómeno de las migraciones no es nuevo; se trata de gente que mantiene onexión con dos lugares. No se trata de vivir en un mundo de fantasía, sino de ser contemporáneo.

–¿Ha pensado en regresar?

–No me voy a mudar a la India. No tuve un plan para hacerlo antes ni tampoco ahora. Lo bueno es poder renovar la conexión con la India y que tengo una visa por cinco años estampada en mi…