Trampa de conejo: una experiencia sensorial única
«Con tus ojos ingresas al mundo, con tus oídos, el mundo te entra», declara Daphne (Rosy McEwen), una artista de música experimental que junto a su esposo, Darcy (Dev Patel), se sumerge en una aventura en una cabaña en el campo galés. Esta enigmática frase es solo una muestra de la poesía que envuelve a Trampa de conejo, una obra cinematográfica que deslumbra por su técnica excepcional pero a la vez desafía al espectador con su ambigüedad.
Explorando lo desconocido a través del sonido
El director Bryn Chainey se sumerge en su primer largometraje en un tema fascinante que gira en torno al poder del sonido como medio para desenterrar traumas ocultos. Sin embargo, la trama se ve obstaculizada por la reticencia del guion a revelar suficientes detalles que mantengan a la audiencia comprometida con los personajes y el mensaje central que intenta transmitir Chainey.
Trabajando en conjunto con el director de fotografía Andreas Johannessen, Chainey transporta al espectador a un entorno galés de ensueño que evoca la riqueza de un cuento de hadas celta. Ambientada en 1976, la película nos sumerge en un mundo pre-digital donde los elementos táctiles como las agujas de los tocadiscos y los álbumes desgastados en la colección de Darcy añaden una capa de misterio a la atmósfera cálida y acogedora.
Un misterio envuelto en sonidos primordiales
Darcy se aventura en los páramos celtas con su equipo de audio para capturar los sonidos fundamentales de la naturaleza, mientras que Daphne encuentra inspiración en ellos para su música experimental. A medida que la trama avanza, Chainey revela de manera sutil pistas sobre el estado emocional de los protagonistas, especialmente en relación con la ausencia de hijos y los traumas pasados de Darcy.
A pesar de su hermetismo, Trampa de conejo logra cautivar al espectador con su deslumbrante estética visual y su banda sonora envolvente. Si tan solo hubiera sido un poco más accesible, la película habría trascendido más allá de ser una mera tarjeta de presentación de un director prometedor.
Conclusión
Trampa de conejo es una experiencia cinematográfica única que desafía al espectador a sumergirse en un mundo de misterio y poesía a través de los sentidos. A pesar de sus puntos oscuros, la película brilla por su belleza visual y su exploración del poder transformador del sonido. Una obra que invita a reflexionar sobre los traumas ocultos del alma y la búsqueda de redención a través del arte.








