La economía argentina se encuentra en un punto crucial en el que la desaceleración de la inflación ha comenzado a dar algo de alivio a los bolsillos de los hogares, pero ¿es suficiente para hablar de una verdadera recuperación en el consumo? Los últimos datos del Indicador de Consumo (IC) elaborado por la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) muestran un crecimiento interanual de solo el 0,1% en abril, rompiendo la racha negativa del primer trimestre.
Esta leve mejoría se ha atribuido en gran medida a la desaceleración inflacionaria y a una ligera recomposición del ingreso real. Sin embargo, el comportamiento de los distintos sectores sigue mostrando fuertes diferencias. Mientras algunos sectores vinculados a bienes y servicios duraderos han logrado mantener cierta recuperación, el consumo masivo sigue debilitándose.
En términos desestacionalizados, el índice ha avanzado un 1,6% respecto a marzo, lo que se interpreta como una mejora vinculada a la desaceleración inflacionaria. A pesar de esto, los productos de alta rotación y corta vida útil, como alimentos, bebidas, limpieza y artículos de tocador, han registrado una caída significativa, lo que indica un deterioro en el consumo diario.
La consultora Scentia también ha reportado una caída del 3,8% en el consumo masivo en abril, con marcados retrocesos en supermercados, mayoristas, quioscos y tiendas de autoservicio independientes. A pesar de que el comercio electrónico ha experimentado un crecimiento del 40% interanual, su impacto en el volumen total comercializado sigue siendo limitado.
El crédito juega un papel crucial en estas tendencias, ya que su agotamiento ha frenado el impulso de algunos bienes duraderos. El financiamiento mediante tarjetas de crédito y préstamos personales ha experimentado una caída, lo que ha afectado la matriculación de vehículos y las escrituraciones inmobiliarias.
A pesar de la desaceleración de la inflación, el consumo aún no ha logrado mostrar una recuperación amplia y sostenida. Los próximos meses serán determinantes para ver cómo evoluciona la composición del gasto de los hogares, ya que el consumo masivo parece haber pausado su recuperación y los bienes duraderos han entrado en una etapa de meseta.
En resumen, aunque existen señales de mejoría en la economía doméstica, todavía persisten signos de precaución en las decisiones de gasto de los hogares. La desaceleración de la inflación ha dado un respiro, pero la verdadera recuperación del consumo aún parece estar lejos.







