El negocio de la carne vacuna en Argentina está en equilibrio fino. Mientras el Gobierno celebra las millonarias exportaciones, el precio en las carnicerías se mantiene estable y el consumo ha disminuido un 10%. Según el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, las exportaciones de carne de res han aumentado un 46% en valor durante los primeros cinco meses del año.
Este escenario de «paz de la carne» se ve reflejado en los precios en los mostradores, donde se han registrado variaciones mínimas. A pesar de que el precio promedio de la carne vacuna ha tenido un ligero aumento, el consumo ha disminuido debido a la preferencia por proteínas alternativas como el pollo y el cerdo, cuyos precios son más accesibles.
Según Daniel Urcia, vicepresidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas, el mercado ha encontrado un equilibrio forzado debido a la realidad económica actual. A pesar de la disminución en el consumo interno, las exportaciones están en línea con la oferta ganadera disponible.
La producción de carne vacuna ha aumentado, ya que los productores han optado por alargar la estancia del ganado en los pastos para agregar kilos. Sin embargo, este proceso de engorde más prolongado también genera un vacío temporal en la oferta de carne para sacrificio.
A pesar de los récords en las exportaciones, Argentina enfrenta desafíos en términos de competitividad frente a países como Brasil, Paraguay y Uruguay. Los costos internos, las retenciones y los incrementos en los costos de energía y combustible han puesto a la industria en una situación difícil para competir.
A pesar de la buena racha que atraviesa la cadena cárnica, los frigoríficos enfrentan márgenes mínimos de rentabilidad. El sector exportador, lejos de presionar los precios minoristas, está actuando como un amortiguador para una industria que trabaja al límite.
En conclusión, el negocio de la carne vacuna en Argentina se encuentra en un momento de equilibrio delicado. A pesar de las altas exportaciones, los precios en los mostradores se mantienen estables, el consumo ha disminuido y la competencia con otros tipos de proteínas es cada vez mayor. Los desafíos en términos de competitividad y costos internos son una preocupación para la industria, que busca mantener un equilibrio entre exportaciones y consumo interno.







