La revolución de las empresas sin intervención humana: ¿una realidad cercana?
La posibilidad de crear empresas sin intervención humana ya no es un ejercicio teórico y empieza a aparecer en la agenda política. El Ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, anunció a finales de la semana pasada que su cartera está trabajando en un proyecto que permitirá el registro de empresas constituidas por agentes no humanos, algo hoy no permitido por la legislación.
La iniciativa, según Sturzenegger, permitiría que Argentina tome la delantera en la implementación de emprendimientos de este estilo en el territorio, captando así un ingreso específico para el país. «Dentro de diez años, el 90 por ciento del PBI estará compuesto por agentes de IA. Si creamos el régimen legal para que estos agentes se unan a la Argentina, serían 50 millones de argentinos y 500 millones de agentes de IA produciendo para todo el mundo, pero que pagarían impuestos aquí», expresó en ExpoEFI.
El entorno es sumamente atractivo, con inversiones en inteligencia artificial física que superaron los 41 mil millones de dólares, según un informe de un banco privado internacional. La IA ya no es parte del futuro, sino del presente de las relaciones laborales. Un estudio realizado por la Unión Industrial Argentina (UIA) y acento señaló que la IA podría aumentar la productividad laboral argentina en un 1,2% por año, sin embargo, solo una de cada tres empresas industriales en Argentina invierte en IA en la actualidad.
Actualmente, la legislación no aborda la cuestión del uso de herramientas de IA. Desde el Ministerio explicaron que una vez hecho, se enviará al Congreso un proyecto para modernizar la actual ley de sociedades, con un enfoque en la digitalización que permitirá la incorporación de empresas de inteligencia artificial.
A pesar de las potenciales ventajas que esta iniciativa podría traer, existen límites y preguntas que deben ser abordados. El derecho argentino no contempla sociedades sin personas físicas o jurídicas representadas por seres humanos. Actualmente, los socios deben tener identificación humana y, salvo en las Sociedades Anónimas Unipersonales, se requieren al menos dos integrantes.
Algunos tecnólogos y líderes opositores han señalado los límites de la propuesta, cuestionando si Argentina sería el único país compitiendo por esta instalación que podría aumentar el PIB sin crear empleo. Además, surgen interrogantes sobre la responsabilidad legal en caso de fraude o quiebra de una empresa constituida por IA, así como la posibilidad de que una IA tenga fondos propios y cómo se manejaría la financiación en el contexto de la legislación contra el lavado de dinero.
A pesar de los desafíos, la discusión apenas comienza y plantea un reto fundamental: adaptar los marcos legales diseñados para personas a un escenario donde la inteligencia artificial comienza a ocupar un papel central en la economía. La revolución de las empresas sin intervención humana está en marcha, y es crucial abordar estos desafíos de manera efectiva para aprovechar al máximo el potencial de la IA en el mundo empresarial.








