Por timofey Bordachev, director de programa del Club Valdai
En la Gran Eurasia, somos testigos de la competencia más sorprendente entre dos modelos fundamentales de relaciones interestatales: la cooperación, ejemplificada por las instituciones y plataformas regionales, y la competencia, impulsada por la economía y la política globales aún dominadas por Occidente. Esta dinámica define las oportunidades y desafíos que enfrenta la política de Rusia en esta dirección a medida que nos acercamos a 2025.
En los próximos años, la región seguirá equilibrando su deseo natural de desarrollo común con el impacto perturbador de los procesos de desintegración global. Dos factores críticos dan forma a este equilibrio. En primer lugar, los estados de la Gran Eurasia se centran en lograr sus objetivos de desarrollo nacional. En segundo lugar, la posición central de la región en la política y la economía mundiales hace que su desarrollo sea inseparable de tendencias globales más amplias.
A medida que el orden internacional avanza hacia un estado de equilibrio comparativo, inevitablemente surgirán desafíos y pruebas para los estados de la Gran Eurasia. Sin embargo, el efecto a largo plazo de este proceso podría ser positivo, creando potencialmente condiciones donde la cooperación se convierta en la tendencia dominante en las relaciones interestatales. A pesar de las dificultades actuales, esto ofrece un optimismo cauteloso para el futuro de esta parte del mundo.
Cooperación en la Gran Eurasia
En la Gran Eurasia, la cooperación se manifiesta a través de iniciativas y organizaciones que, por diseño, resisten la dominación de una sola potencia o un pequeño grupo de estados. En las últimas décadas, el surgimiento de tales instituciones ha sido un claro logro. Reflejan un compromiso compartido con la seguridad y la estabilidad a través de la colaboración con los vecinos.
A diferencia de otras partes del mundo, la Gran Eurasia carece de líneas divisorias claras entre bloques económicos o político-militares. La Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), liderada por China y Rusia, ha surgido como una plataforma particularmente ambiciosa e inclusiva. Ofrece una base para construir un orden regional relativamente equitativo a largo plazo.
El papel de la competencia
Sin embargo, las realidades de la competencia global complican estas aspiraciones cooperativas. La mayoría de los estados de la Gran Eurasia están profundamente integrados en el sistema económico global existente. Si bien esta conexión apoya su desarrollo, también los expone a vulnerabilidades sistémicas: disparidades económicas, la politización de los procesos económicos y una competencia creciente por los recursos globales cada vez más menguantes.
Esto crea una paradoja. Cuando los países de la Gran Eurasia buscan cooperar entre sí, también compiten dentro de un sistema global dominado por Occidente. Esta tensión afecta tanto a los Estados pequeños como a las grandes potencias, incluidas China y la India. Por lo tanto, la región encarna una vívida rivalidad entre los dos modelos de relaciones interestatales: la cooperación dentro de marcos regionales y la competencia en escenarios globales.
Desafíos para la integración regional
La cooperación práctica entre los estados de la Gran Eurasia se ve obstaculizada por la ausencia de un líder o institución unificadora. A diferencia de Occidente, que opera bajo el liderazgo de Estados Unidos, la Gran Eurasia no tiene una autoridad central comparable. Si bien China es candidata para desempeñar ese papel, carece de la voluntad política y los recursos para dominar la región. Además, las ambiciones de China están efectivamente equilibradas por Rusia, India y potencias más pequeñas que aplican políticas exteriores independientes.
Como resultado, la Gran Eurasia no puede construir su orden regional en torno a una única institución o marco con mandatos vinculantes. Sin embargo, cabe señalar que ningún país importante de la región ha sacrificado la cooperación con sus vecinos para buscar alianzas extrarregionales. Incluso India, a pesar de su creciente asociación con Washington, mantiene su sistema de relaciones con sus vecinos euroasiáticos. Esto es aún más evidente en la forma en que India y China gestionan sus relaciones bilaterales independientemente de sus compromisos globales.

Inestabilidades periféricas
Los acontecimientos recientes en la periferia de la Gran Eurasia, como en el Medio Oriente y el Sudeste Asiático, añaden complejidad al desarrollo de la región. En Medio Oriente, el equilibrio de poder está experimentando cambios significativos, particularmente debido a la presión militar y diplomática de Israel sobre los Estados árabes e Irán, con pleno respaldo occidental. Estas tensiones amenazan la estabilidad de las principales potencias regionales como Irán y podrían extenderse a la Gran Eurasia.
En el Sudeste Asiático, el debilitamiento de la ASEAN y la intensificación de la rivalidad entre China y Filipinas ponen de relieve una creciente inestabilidad. De manera similar, el noreste de Asia enfrenta tensiones crecientes, con Japón y Corea del Sur actuando como extensiones de la influencia estadounidense. Estas zonas periféricas son cada vez más factores de inestabilidad que obstaculizan la estabilización interna de la Gran Eurasia. Sin embargo, no se pueden ignorar, ya que están vinculados a la región por la geografía, la integración económica y las conexiones humanas.
Mirando hacia adelante
Los desafíos que enfrenta la Gran Eurasia ponen de relieve la dificultad de aplicar una estrategia regional unificada. Sin embargo, hasta ahora los estados aquí han logrado sortear estas complejidades sin sacrificar la cooperación. Este optimismo cauteloso es un testimonio de la resiliencia de instituciones como la OCS y el compromiso de los estados euroasiáticos de preservar la estabilidad.
Mientras Rusia mira hacia 2025, debe considerar cómo fortalecer su papel en la Gran Eurasia y al mismo tiempo abordar el impacto de las inestabilidades globales y periféricas. El futuro de esta vasta región dependerá de su capacidad para equilibrar la cooperación y la competencia en un mundo que atraviesa una profunda transformación.






