El régimen de mensajero: ¿una amenaza para la economía argentina?
La flexibilidad del régimen de mensajero, una de las primeras banderas de apertura económica que el equipo económico de Luis Caputo encendió al inicio de su administración, ha generado fuertes tensiones dentro del Gobierno y ha levantado alarmas en el sector privado.
La brecha cada vez más palpable entre los organismos encargados de controlar el ingreso de bienes al país, como la Aduana, y los responsables de legislar la política comercial, ha desatado un conflicto que pone en peligro la estabilidad económica del país. La facilitación de importaciones impulsada por el Ministerio de Comercio choca con el esquema restrictivo anterior y con el control aduanero, que actualmente no logra prevenir fraudes ni maniobras de subfacturación.
Desde el Palacio de Hacienda, la premisa es clara: fomentar la entrada de bienes de consumo final para presionar a la baja los precios en el mercado interno. Sin embargo, las industrias locales denuncian una competencia desleal, especialmente en un contexto de caída del consumo interno.
El debate sobre el régimen de mensajero ha escalado en las últimas semanas, especialmente después de las declaraciones del director de Aduanas, Andrés Velis, quien aseguró que, en los términos actuales, el mensajero «va a desaparecer». Aunque lo dijo en sentido metafórico, Velis reconoció que la Aduana actualmente no cuenta con las condiciones necesarias para garantizar el correcto funcionamiento del sistema.
La vulnerabilidad del sistema se ha hecho evidente en las estadísticas oficiales, que muestran un aumento exponencial en las importaciones por mensajero. Ante esta situación, los líderes industriales locales han advertido sobre la proliferación de «microcontrabando» a gran escala, que amenaza la competitividad de la industria nacional.
El muro diplomático con China también ha sido un tema de debate en relación con el régimen de mensajero. La falta de cooperación internacional por parte de China ha dificultado las investigaciones sobre fraudes y subvaluaciones, dejando a la Aduana argentina en una posición vulnerable.
Ante este panorama, el sector logístico privado propone una tercera vía que no desmantele el régimen de envíos simples, sino que lo modernice. La digitalización total y la implementación de controles inteligentes son algunas de las propuestas que se han planteado para gestionar el auge de las importaciones por mensajero de manera más eficiente y segura.
En conclusión, el régimen de mensajero se ha convertido en un tema de debate crucial para la economía argentina. Es necesario encontrar un equilibrio entre la apertura comercial y la protección de la industria nacional, implementando medidas que permitan aprovechar las oportunidades del comercio electrónico transfronterizo sin comprometer la competitividad local.








