El ocaso de un líder y el resplandor de una nueva era
El Sol ya declinaba y, en su caída, emanaba sus últimos haces. Como el gigante que sigue echando mandobles en su caída o el boxeador aturdido que revolea manos antes de besar la lona. Le dio al ambiente una **penumbra gris**, azulada además por el frío polar que congeló la semana y, leal, ya empezaba a avisar.
Sentado, en una de las mesas de la vereda del clásico café, era uno más de las decenas de parroquianos que, en esos minutos, disfrutaban las **últimas horas de una tarde de domingo** en ese rincón palermitano, **uno de los lugares para ver y ser vistos entre quienes portan el fibrón con el que se delinea el Círculo Rojo de la Argentina**.
Miró el reloj. No le alcanzaba con el vasto trabajo de su empleador -**un empresario que, además, dio en estas semanas una de las grandes noticias de negocios del semestre**-, como para, también, **haberse involucrado en otros asuntos, más públicos pero, también, más importantes**, de **repercusión nacional e internacional**.
Integró el experto un **comité de notables**, convocados de urgencia por su **know-how en gestión de crisis**, para **colaborar con la de enormes magnitudes que tenían en la Casa Rosada**.
Miró el reloj. Faltaba algo más de una hora para que Diego Santilli concurriera a la **Quinta de Olivos** y cumpliera con la formalidad de hablar con el Presidente, **el Milei cuya bendición aún no había recibido**. Tal cual haría un primer ministro británico que, por más abrumador respaldo electoral o partidario que hubiese logrado, no asumiría hasta tanto fuera a Buckingham para que la Corona le pida la formación de un gobierno en su nombre.
Sería la espada del León sobre hombros y testa del *Caballero Rojo* el punto final a un fin de semana agotador, que había comenzado con un **viernes frenético**. Una jornada de **alta tensión**, con reuniones, llamados y mensajes de WhatsApp y Telegram que fueron y vieron con ideas, propuestas, opciones y, fundamentalmente, borradores. **Versiones varias de un único documento:** la **carta** con la que el reacio Manuel Adorni debía presentar su resistida -a esa altura, sólo por él- **renuncia a la Jefatura de Gabinete**.
Un texto, se cuenta, pulcro, prolijo, despojado, escueto, de marcado tono institucional y, sobre todo, que **buscaba desactivar esa bomba nuclear** con más de 110 días de cuenta regresiva y a punto de estallar en la que se había convertido la **curiosidad pública y judicial por el talento crematístico del desgraciado premier**.
Esa carta era producto de un trabajo serio, pensado, riguroso. **Profesional**. Diametralmente **opuesto** al escrito **extenso**, **personalizado**, **emocional**, **exculpatorio** y de **pasajes grandilocuentes** y **líneas crípticas** con las que el eyectado, “**sereno y tranquilo**”, anunció el **fin** de su aventura por la vida política.
Sea “**una persona honesta**”, como **lo sigue defendiendo Milei**, o “**corrupto y delincuente**”, como **Adorni confesó que lo caracterizaron**; haya sido víctima de operaciones mediáticas o culpable de sus propias desprolijidades, olvidos y *morocheos* para registrar sus cuentas, **el atormentado ex vocero se había vuelto un activo tóxico** para “**la última esperanza de la Argentina**”, tal cual había alabado él en la pública misiva a su *faro*, de quien –él “**y sus ideas**”- “**depende el futuro**” del país, aseveró. Una **bala perdida** que amenazaba con hacer **daños concretos, letales y mucho más reales** que los de una partida en la virtualidad de *Counter Strike*.
“**El colaborador más alto de Javier Milei renuncia por un escándalo de corrupción en la Argentina**”, tituló el diario británico *Financial Times*. “**Los argentinos critican duramente a Milei por su gestión de la crisis del Jefe de Gabinete**”, publicó el jueves la agencia estadounidense *Bloomberg*.
Notas de esa naturaleza, destacadas en dos de los más influyentes medios financieros del mundo, no son, precisamente, **el mensaje que desea enviar a los inversores un país que pugna, día a día, por el perdón de sus crónicos pecados**. Menos, con **un equipo económico que hace de la narrativa del cambio cultural de la sociedad argentina la penitencia central de esa redención**.
**Ese credo volvió a citarse en la semana que pasó.** Daniel González, secretario coordinador de Energía y Minería de la Nación, describía en el salón La Pampa del Sheraton por qué *la Argentina será próspera*, uno de los mantras digitales de la actual administración.
“**El litio es una realidad. En cobre, que hoy no tenemos, el país será top-5 entre los productores globales desde cero**”, afirmó el funcionario. “**Hemos cambiado la balanza energética en forma estructural para siempre**”, continuó enumerando logros. “**Dentro de cinco años, habrá exportaciones por u$s 50.000 millones. No es una proyección basada en cuánto podría dar el recurso, sino en proyectos concretos, ya anunciados o en ejecución**”, enfatizó. Agregó que “no tiene dudas” de que, con el **Súper RIGI**, “**en cinco años, cambiará la matriz productiva de la Argentina**”.
Fue el martes a la mañana, durante el *“Argentina Briefing”*, un encuentro reservado para ejecutivos del sector que realizó **S&P Global Energy**, la empresa organizadora de **CERAWeek**, cumbre que todos los marzos convoca en **Houston** a la industria energética de todo el mundo. **Un evento en cuya edición de este año la Argentina y su potencial como productor global de energía se mencionaron con asiduidad**.
“**Hay un tema del que te quiero preguntar y es el costo social**”, le dijo a González el anfitrión, **Carlos Pascual**, antes de despedirlo. “**Sé que el año pasado hubo elecciones y fueron muy exitosas para el Gobierno. Eso indica que hay un respaldo**”, siguió, y disparó: “**¿Qué implica el impacto social que tienen todas estas reformas que están implementando? ¿Qué indica que ese respaldo social continuará? ¿O habrá cambios en eso?**”.
González recogió el guante. “**Al Presidente, lo eligieron diciendo la verdad**”, respondió. “**Siempre dijo que habría un ajuste. Todos sabemos que eso tiene un impacto y, aun así, lo votaron. Y el año pasado, habiendo cumplido con su palabra de un fuerte ajuste, la gente lo volvió a votar**”, agregó, con el fervor del creyente.
Dijo estar “**absolutamente convencido**” de que “**hay un cambio cultural en la Argentina**”. “**Y eso se volverá a ver el año que viene porque ya entramos en un círculo virtuoso, que acelerará con las reformas y la inversión**”, aseguró, en sintonía fina con la perspectiva de *los mejores 18 meses de la historia* que promete su jefe y amigo, Luis Caputo.
González recurrió al ejemplo de las tarifas. “**Cuando asumimos, la demanda pagaba menos del 30% del costo del gas y de la electricidad. Hoy, si bien no llega a ser el total, es poco menos del 80%. Y eso se hizo, prácticamente, sin cuestionamientos y con una aceptación social no menor. Habla bien de cómo lo han llevado los argentinos: es difícil un aumento cuando no hay una mejora inmediata en el servicio**”, argumentó.
El ocupante de la oficina a la que llegan todas las carpetas con pedidos de RIGI terminó su participación con un vaticinio: “**Si hemos sido exitosos hasta ahora en tener este acompañamiento, no veo por qué no sigamos siéndolo**”.
Pascual lo despidió con una felicitación. “**Por primera vez**”, dijo, “**quienes miramos a la Argentina desde afuera, empezamos a ver que ‘politics’ y ‘policy’ tienen un correlato, que comienzan a caminar un sendero para que el país y los inversores pueden ver un futuro; eso es muy impresionante**”.
Su comentario no fue el de un observador ingenuo o un lego en la realidad latinoamericana. De orígenes mexicanos y cubanos, Pascual **fue embajador de dos presidentes demócratas de los Estados Unidos**: de **Bill Clinton** en **Ucrania** y de **Barack Obama** en **México**. Distingue, y muy bien, las diferencias entre “*politics*” (rosca) y “*policy*” (políticas públicas) y **qué puede llegar a significar eso en este rincón del planeta**.
De hecho, **Obama se vio obligado a retirarlo después de que el gobierno de Felipe Calderón exigió su renuncia**. WikiLeaks había filtrado que Pascual enviaba dossiers a Washington con descripciones de altos niveles de corrupción en el Ejecutivo mexicano y descoordinación en la lucha contra el narcotráfico, entre otros descuidos que identificó durante sus observaciones en el Zócalo. Su reemplazante fue **Earl Anthony Wayne**, embajador en Buenos Aires entre enero de **2007** y abril de **2009**. Es decir, **último año de Néstor y el primero de Cristina**.
El **riesgo país** terminó la semana en **415 puntos básicos**, su menor nivel desde **abril de 2018**, cuando comenzó el **desmoronamiento financiero** de la administración de Mauricio Macri. **Síntoma de la confianza que la Argentina va recuperando**, respaldada por la gestión financiera, los números de la macro y algunos indicadores, como el estimador mensual del Indec, que **sugieren una recomposición del nivel de actividad**.
¿Qué hubiese pasado si Adorni prolongaba la agonía y, como planeaba, se exponía a la *carnicería* que Patricia Bullrich pretendió evitarle? **Una temeridad que habría tenido costo financiero, además de político.** ¿Cuál habría sido el indicador de **JP Morgan**, en ese caso?
**La respuesta es contrafáctica pero intuible.** Semanas atrás, en el evento CEO Talks de *El Cronista*, Facundo Gómez Minujin, número del banco estadounidense en el país, **aseguró que el riesgo de la Argentina es político, no económico**.
“**El año que viene va a ser crucial. Si logramos tener una continuidad de cuatro años más de estos cambios, se verá realmente materializado un beneficio para la sociedad en general**”, señaló.
Aclaró que, **todavía, ve descreimiento en algunos sectores de la población**, propensos a **caer en la tentación del populismo y el cierre de la economía**. “**Por eso es importantísima la elección del año que viene. La economía se va a ir normalizando. Si se pasa este puente hasta 2027, creo que la Argentina tiene un futuro brillante**”, predijo.
**El trabajo de Santilli, un profesional de la política, será hacer que ese puente, por lo menos, deje de tambalear. O no lo haga tanto.** Hubo **empresarios**, en estos días, que **habían pasado de la inquietud a la preocupación**; en algún caso, con **lamentos escuchados en privado por haberse inmolado en público por las Fuerzas del Cielo**. Apellidos influyentes, con **importantes inversiones** en los sectores que prometen financiar -en términos figurados y materiales- la batalla cultural.
En la recuperación que informó el Indec para abril, **Energía** y **Minería** son, con el **campo**, **motores** cuya fuerza contrasta con **actividades a las que les cuesta arrancar, están frenadas o en punto muerto**. Tránsito irremediable hacia **un paraíso al que, según el credo oficial, sólo los virtuosos llegarán**. Lo definió Horacio Marín, aunque **no recurrió precisamente a la hermenéutica agustiniana**.
“**En la Argentina, hay que dejarse de joder y darse cuenta de que hay que ser eficiente y productivo**”, dijo en el evento de S&P y aseguró que **YPF, en 2030, será la mayor exportadora de la Argentina, con u$s 17.000 millones anuales entre crudo y gas natural licuado (GNL)**.
Pero, para que los planes de YPF, otras petroleras y las mineras se concreten, **son necesarias dos condiciones: credibilidad y tiempo**.
En la Argentina, **el plazo para desarrollar una mina es de 16 años, menos que el promedio mundial (18) y entre Brasil (17,2) y Chile (15,4)**, develó **Patricia Barreto**, experta sectorial de S&P Global en la región. “**Cuando vemos las decisiones de inversión en América latina, hay una disminución en los proyectos de cobre en la próxima década**”, advirtió. “**Existe una disminución en la inversión real de la industria y, en ese contexto, se destinan más recursos a minas existentes que a la exploración temprana en proyectos nuevos**”.
**A esa adversidad, la minería argentina -en especial, la de cobre- debe sumar otra.** “**Uno de los mayores desafíos es el acceso al capital**”, admitió **Michael Meding**, CEO de **Los Azules**, proyecto de cobre en San Juan que tiene entre sus inversores a la minera canadiense **McEwen Copper** y la automotriz europea **Stellantis**.
Meding, un alemán que lleva años en el país, aseguró que el RIGI permite recuperar “**la confianza perdida**” y “**hacer más fáciles**” las condiciones de inversión. “**Pero la Argentina es un país muy grande. Necesitamos rutas, energía, de forma económica. Y, a pesar de los buenos resultados del Gobierno y sus desregulaciones, el costo argentino, todavía, es muy alto**”, agregó y aludió, en especial, a la **mochila impositiva, sobre todo, el peso tributario sobre las ganancias empresarias**.
“**Nuestro proyecto, en términos internacionales para la industria, es ‘chico’: u$s 4000 millones. Es difícil conseguir ese dinero en la Bolsa de Buenos Aires. Hay que ir a los mercados internacionales. Y, para eso, necesitamos recuperar la confianza como un socio confiable y de largo plazo**”, subrayó. Les pidió a los presentes que contacten a su asesor de Asuntos Públicos, sentado en la audiencia. “**Él tiene mi alias de Mercado Pago**”, despertó risas.
El CEO de Los Azules **no fue el único que apeló al humor en la fría mañana del martes**.
**Matías Lacabanne**, CCO de **Southern Energy (SESA)**, el consorcio que lidera PAE para exportar GNL, ya había comentado que la empresa, cuya inversión comprometida es de **u$s 15.000 millones**, inició gestiones con **más potenciales compradores**, después del acuerdo que SESA cerró en marzo con la alemana **SEFE** y para el que, aseguró Marín (YPF es socio del proyecto), **empezará despachar a fin de año**. Lacabanne aseguró que **ser visto como un “proveedor confiable” es clave para ganar esos contratos de largo plazo**.
El ejecutivo de SESA compartió panel con **Pablo Gasparutti**, VP de **Argentina LNG**, el proyecto de **u$s 30.000 millones** de **YPF** con **Eni** y **XRG** (**Adnoc**).
“**El financiamiento es la piedra angular. Una vez que lo tengamos, las puertas se abren solas**”, aseguró Gasparutti. Explicó que, para inversiones de estas características, los bancos exigen contratos comerciales “**asegurados**”, razón por la cual **YPF busca cerrar acuerdos de venta por 15 o 20 años**.






