La economía mundial se mantiene resistente ante el impacto de la guerra en el Medio Oriente, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). A pesar de los temores iniciales, el crecimiento global ha demostrado una sorprendente capacidad de resistencia, impulsado por Estados Unidos y China. Sin embargo, ¿cuáles son los amortiguadores y los países que están pagando el precio?
El petróleo se ha encarecido un 30% desde el inicio del conflicto, lo que ha generado preocupaciones sobre los precios de la energía y la inflación. A pesar de ello, el FMI destaca que el impacto ha sido contenido gracias a reservas estratégicas, aumento de la producción y medidas gubernamentales para moderar la demanda. Aun así, los riesgos persisten, especialmente debido al cierre del Estrecho de Ormuz y los daños en la infraestructura energética en Medio Oriente.
Por otro lado, los mercados financieros no han mostrado signos de pánico, aunque las rentabilidades de los bonos soberanos han aumentado. La inversión en tecnología, especialmente en inteligencia artificial y centros de datos, ha sido un factor clave para sostener la actividad económica en países como Estados Unidos y China. Sin embargo, el FMI advierte que esta transformación podría exacerbar las diferencias de crecimiento entre economías avanzadas y emergentes.
En cuanto a los países más afectados, los exportadores de petróleo de Oriente Medio se encuentran entre los más perjudicados, con cinco de los ocho países más afectados enfrentando contracciones económicas este año. Europa también se ve afectada por el aumento de los precios del petróleo y el gas, lo que ha llevado al Banco Central Europeo a endurecer su política monetaria.
En Asia emergente, el impacto del aumento de los precios del combustible ha sido significativo, con incrementos del 40% en los precios minoristas. Sin embargo, África es identificada como la región más vulnerable, con fuertes tensiones económicas debido a su alta dependencia energética y restricciones fiscales.
En el caso de Argentina, se destaca que se ha beneficiado de los precios más altos del petróleo al convertirse en un exportador neto. Sin embargo, la subida de los precios de los alimentos y los fertilizantes representa un desafío para la seguridad alimentaria en el país.
A pesar del diagnóstico relativamente optimista, el FMI advierte que la duración y la intensidad del shock energético seguirán siendo factores determinantes para la economía mundial. Por ello, insta a los gobiernos a mantener la disciplina fiscal y monetaria, evitando el uso generalizado de subsidios y controles de precios. En palabras de la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, la resistencia actual de la economía global debe ser motivo de tranquilidad, pero no de complacencia.








