El fin de una era: ¿Ha llegado el momento de pagar la factura completa?
Después de dos años y medio de corrección de precios relativos, una de las principales estrategias económicas de Javier Milei parece estar alcanzando su punto de inflexión. La recomposición de las tarifas de los servicios públicos -electricidad, gas, agua y transporte- ha sido un tema candente en los últimos años, pero ¿hemos llegado al final de este camino de ajuste?
Los datos recientes muestran que el proceso de normalización de tarifas está mucho más avanzado de lo que muchos creen. La cobertura tarifaria de los costos de electricidad y gas natural ya supera el 70%, lo que representa un gran avance en comparación con cifras anteriores. Además, el costo fiscal de los subsidios a la energía ha disminuido significativamente, rondando ahora el 0,5% del PIB.
Según expertos del Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIPE (UBA-Conicet), los hogares del AMBA ahora pagan tarifas que cubren en promedio el 58% de los costos totales de los servicios públicos, lo que indica un progreso considerable desde el inicio del proceso de corrección tarifaria.
Sin embargo, ¿qué significa esto para el bolsillo de los argentinos? A medida que las tarifas se acercan a cubrir totalmente los costos, la capacidad de pago de las familias se convierte en un factor determinante. Según estudios realizados, la canasta de servicios públicos ahora representa entre el 14% y el 15% del ingreso promedio de una familia, casi el triple de lo que representaba al inicio del proceso de ajuste.
A pesar de estos avances, el Gobierno enfrenta un desafío importante en el sector del transporte, donde los subsidios continúan disminuyendo y los usuarios deben asumir una mayor parte del costo. Con el transporte representando casi la mitad de la canasta de servicios públicos del AMBA y explicando casi el 48% del gasto total de los hogares en este ámbito, la presión sobre las tarifas y la calidad del servicio se intensifica.
En el sector energético, sin embargo, se vislumbra un cambio de rumbo. Con el desarrollo de Vaca Muerta y la ampliación de la infraestructura de transporte, Argentina podría dejar de importar gas natural estructuralmente para 2027, lo que llevaría a una reducción de los costos de suministro y, potencialmente, a una menor necesidad de subsidios.
En resumen, el ajuste tarifario parece estar llegando a su fin, pero esto no significa que los precios dejarán de subir. La dinámica futura estará más influenciada por la inflación que por la corrección de atrasos acumulados. ¿Estamos listos para pagar la factura completa? El tiempo lo dirá.







