Durante la presentación del informe “Mercados y desarrollo: cómo la competencia puede mejorar vidas” del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Secretaría de Comercio, Pablo Lavigné, sorprendió al destacar los pilares de la agenda de desregulación y posicionar el RIGI como combustible esencial para “sostener” el crecimiento económico. Esta revelación ha generado un intenso debate sobre el problema de la productividad en Argentina, convirtiendo la oficina del BID en Buenos Aires en el epicentro de discusión sobre el tema.
Matías Busso, un destacado economista del BID, explicó que la debilidad competitiva en América Latina actúa como una “barrera silenciosa”, afectando no solo la eficiencia productiva, sino también siendo un poderoso multiplicador de la desigualdad. Según sus proyecciones, si Argentina y la región alcanzaran niveles de competencia similares a los países desarrollados, el ingreso promedio aumentaría en un 11% y la desigualdad se reduciría en un 6%.
El informe del organismo multilateral sostiene que la ausencia de mercados competitivos no solo afecta la eficiencia productiva, sino que también es un potente generador de desigualdad. Busso destacó que en mercados altamente concentrados con barreras de entrada insuperables, los consumidores terminan pagando un precio más alto, lo que él llama un “impuesto a la ineficiencia”. Este costo adicional erosiona el poder adquisitivo real y limita el acceso a bienes de calidad, profundizando la brecha social.
En un esfuerzo por impulsar la competitividad y el crecimiento económico, la Secretaría de Comercio ha puesto en el centro de la discusión al Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI). Este programa no solo ofrece beneficios tributarios y aduaneros, sino que también se presenta como una herramienta de normalización institucional para sectores donde Argentina tiene ventajas comparativas globales, especialmente en energía y minería.
El Secretario Lavigne ha destacado la importancia de este programa para generar un “efecto centrífugo”, donde la riqueza se genera en el territorio y se expande hacia afuera, desplazando el eje económico que históricamente se concentraba exclusivamente en el AMBA. Este enfoque busca descentralizar el desarrollo económico y promover la inversión en diferentes regiones del país.
En cuanto a los obstáculos que enfrenta la implementación del RIGI, se ha señalado la existencia de normativas estatales que protegen a las empresas establecidas, generando distorsiones en el mercado. Lavigne ha hecho un llamado a eliminar estas trabas y garantizar que los precios de los insumos básicos converjan con los valores internacionales, beneficiando así a la industria nacional.
En conclusión, la apuesta por la competencia y la desregulación se presenta como el camino hacia un crecimiento económico sostenible en Argentina. Con un enfoque federal y la promoción de sectores competitivos, se espera poder reducir la desigualdad y aumentar el ingreso promedio de la población. El desafío ahora radica en implementar las medidas necesarias para garantizar el éxito de esta estrategia y asegurar un futuro próspero para el país.








