En esta noticia se revelan datos sorprendentes sobre la inflación de diciembre que han impactado en el mercado financiero. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió un 2,8%, superando las proyecciones privadas y marcando el octavo mes consecutivo sin caer. A pesar de este aumento, el cierre anual en 31,5% fue el más bajo de los últimos ocho años, lo que indica una importante desaceleración en comparación con años anteriores.
El economista Fernando Camusso señaló que este incremento en la inflación está relacionado con una mayor demanda estacional de pesos entre noviembre y diciembre, lo que ejerció presión sobre los precios en la última parte del año. Aunque el rebote inflacionario en diciembre puede ser considerado como una señal de advertencia, no invalida el proceso de desinflación observado a lo largo del año.
El impacto de estos datos se refleja en el tipo de cambio y la banda cambiaria. Con el nuevo índice, la banda superior del dólar se ajustará un 2,8% en febrero, lo que podría generar tensiones en el mercado cambiario. Aunque no necesariamente implica una ruptura de la banda, abre la posibilidad de un dólar algo más alto en los próximos meses si la inflación no regresa a una trayectoria de desaceleración.
En cuanto a los rubros que más impulsaron el índice de inflación en diciembre, el transporte y los alimentos y bebidas no alcohólicas tuvieron una mayor incidencia. El economista señaló que la economía parece estar trabajando con una inflación «base» cercana al 2,5% o 2,8% mensual, lo que será difícil de romper sin un mayor crecimiento de la actividad.
Además, se espera que la tasa de inflación tenga modificaciones en su metodología, con una mayor ponderación de servicios y una actualización de los hábitos de consumo. Elementos como seguros, servicios financieros y alquileres tendrán más peso en el índice, reflejando una estructura de consumo obsoleta que no representa con precisión cómo gastan los hogares en la actualidad.
En resumen, los datos de diciembre dejan una señal mixta para principios de 2026, con la necesidad de asegurar que la economía crezca sin acelerar nuevamente los precios. Este equilibrio delicado condicionará tanto la política cambiaria como el clima financiero en los próximos meses.








