El panorama económico en Argentina está experimentando un cambio significativo que está captando la atención de los inversores. Después de dos años de centrarse en la lucha contra la inflación, ahora la preocupación se centra en la capacidad de la economía para crecer y mantener la recaudación de impuestos.
En junio, la desinflación avanzó con el IPC alcanzando el 2% mensual, lo que ha generado expectativas positivas en ese frente. Sin embargo, en la Ciudad ya se ha llegado a un consenso de que la principal preocupación ya no son los precios, sino la capacidad de la economía para recuperarse y generar ingresos.
El enfoque del mercado ha cambiado radicalmente en los últimos meses. Antes se preguntaban si el Gobierno podría lograr consolidar la desinflación sin perder reservas ni estabilidad cambiaria, ahora la discusión se centra en si la actividad económica se acelerará lo suficiente y si el programa fiscal empezará a perder margen, incluso si se mantiene la disciplina de gasto.
El déficit primario registrado en junio, el primero desde el inicio de la administración Milei, ha dejado señales de que el mercado se ha recuperado rápidamente. Sin embargo, los expertos señalan que este rojo mensual se debe principalmente a factores estacionales y no representa un cambio significativo en el régimen fiscal.
El ajuste ahora no depende tanto de recortes en el gasto, sino de la generación de más ingresos por parte de la economía. El gasto primario ha disminuido en términos reales, mientras que los ingresos también han caído. Es necesario que la economía comience a aportar más para mantener el equilibrio fiscal.
El mercado comienza a mirar hacia el crecimiento económico como una solución. La desaceleración de la actividad está limitando el crecimiento de las recaudaciones, lo que complica los resultados fiscales. Se necesita una recuperación económica más rápida para mantener el equilibrio fiscal.
La obra pública sigue en niveles mínimos, el gasto de capital continúa cayendo y los subsidios a la energía ya han aportado gran parte del esfuerzo fiscal posible. La reducción de los subsidios se vuelve más difícil con el aumento del precio del petróleo, lo que hace necesario una recuperación de la recaudación para mantener el equilibrio fiscal.
El desafío con el FMI se vuelve más exigente, ya que el Gobierno debe generar un superávit equivalente al 0,9% del PIB entre julio y diciembre para cumplir con el objetivo anual acordado. Esto representa un incremento del 60% respecto a años anteriores, lo que evidencia la necesidad de un mayor esfuerzo para cumplir con las metas establecidas.








