El Ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, ha puesto su mirada en una actividad clave dentro de la flota mercante que podría tener un impacto significativo en el sistema marítimo y fluvial. En los próximos días, se espera que publique un decreto que cambiará la forma en que se lleva a cabo el Practicaje, una tarea esencial pero poco visible en la navegación de buques.
El Practicaje es un servicio técnico especializado que juega un papel crucial en momentos críticos de la navegación, como la entrada, salida y tránsito de buques en zonas complicadas como puertos, canales y ríos. Los pilotos, expertos locales, asesoran a los capitanes sobre navegación y maniobras en áreas de riesgo o difícil acceso, garantizando la seguridad de la navegación.
En Argentina, el Practicaje se define como un «servicio público inadecuado», lo que significa que, aunque es de interés público por cuestiones de seguridad y logística, es proporcionado por profesionales privados en lugar del Estado. Actualmente, el sistema opera bajo un modelo mixto, donde los pilotos independientes o pertenecientes a empresas privadas prestan sus servicios mediante contratos directos con armadores y agentes marítimos, con tarifas acordadas libremente.
La regulación del Practicaje en Argentina recae en la Prefectura Naval Argentina, que habilita e inscribe a los pilotos, supervisa la seguridad del servicio y tiene el poder de suspender o cancelar autorizaciones si es necesario. Aunque no hay un número máximo fijo de profesionales establecido, en la práctica existe un límite controlado por la PNA a través de un proceso de autorización por zona.
En cuanto a los ingresos de los pilotos, estos pueden variar significativamente dependiendo de la complejidad de las operaciones, pudiendo llegar hasta los 30.000 dólares en tramos exigentes de la vía fluvial. A pesar de las altas barreras de entrada y el número limitado de profesionales, el Practicaje sigue siendo una actividad esencial para garantizar la seguridad en una industria de alto riesgo.
En resumen, el Practicaje es un eslabón crítico en la cadena del comercio exterior argentino, reduciendo el riesgo de accidentes, garantizando el funcionamiento de los puertos y permitiendo una navegación segura en rutas complejas. A pesar de su carácter privado, sigue siendo una actividad estratégica y fuertemente regulada, sujeta a debates sobre su grado de apertura y competencia en el sector marítimo y fluvial.








