El camino hacia el éxito: El método Scaloni que trasciende el fútbol
Perder una final mundial duele. Pero llegar a dos seguidas, después de haber ganado un Mundial y dos Copas América, no deja de ser un logro que obliga a buscar una explicación más profunda. Porque el talento estuvo ahí antes que Lionel Scaloni. También los futbolistas que brillaron en los mejores clubes de Europa. ¿Qué cambió? Los especialistas en liderazgo coinciden en que era otra cosa: la cultura.
Esta construcción es, precisamente, el punto de partida de El método Scaloni, la serie documental que Flow estrenó este año. Más de tres episodios, la producción se centra en la forma en que el técnico y su cuerpo técnico reconstruyeron la identidad de la Selección Nacional. Dirigieron el grupo y consolidaron uno de los ciclos más exitosos del fútbol argentino. Pero la cuestión trasciende el fútbol. ¿Qué hizo posible que un equipo lleno de figuras siguiera compitiendo con la misma intensidad después de haberlo ganado todo? Incluso después de perder ante España en la final, esa pregunta sigue vigente.
“La variable importante de la Selección pasó a ser la cultura”, resume Santiago Fernández Escobar, psicólogo y especialista en comportamiento humano, liderazgo y alto desempeño organizacional. Para él, el principal mérito de Scaloni fue construir un sistema en el que “el equipo esté antes que la gente”.
La humildad como valor
“La humildad en un equipo es la capacidad de tener una agenda colectiva que trasciende lo individual”, dice Fernández Escobar. Como ejemplo, menciona la convivencia entre Lautaro Martínez y Julián Álvarez, dos delanteros que compiten por el mismo puesto. Durante el Mundial de Qatar, cuando Julián consiguió el puesto titular, Lautaro acompañó al equipo desde un rol secundario. En la Copa América, con los roles invertidos, Julián celebró el protagonismo de Lautaro. “Esto sucede cuando el resultado colectivo vale más que el resultado individual”, afirma.
A una conclusión similar llega desde otra disciplina Nicolás José Ísola, filósofo y especialista en storytelling y desarrollo humano. “No existe contradicción entre alto rendimiento y buen clima. Hay que tener los egos muy bien posicionados y tener muy claro que el objetivo es el equipo y no el individuo”, explica. Para él, la sobriedad que transmiten Scaloni y Lionel Messi funciona como un ordenador natural del grupo. «Concentran los egos en torno a un objetivo mayor que el orgullo personal».
La construcción de esa cultura, sin embargo, no comienza en el vestuario. Todo empieza por el propio entrenador.
El liderazgo de Scaloni se sustenta primero en un fuerte trabajo de autoliderazgo. “Se puede ver cómo mantiene el aplomo y la calma incluso en los momentos de mayor estrés. Hay un gran trabajo sobre inteligencia emocional intrapersonal”, señala.
Esa estabilidad, añade, acaba siendo contagiosa. Desde la neurociencia se ha comprobado que las emociones se propagan dentro de los equipos. Cuando un líder irradia confianza, las personas toman mejores decisiones, encuentran soluciones más fácilmente y muestran su creatividad. «Scaloni trabaja mucho con la confianza. Y cuando las personas perciben esa confianza, cambian completamente su forma de actuar”.
Este clima también se construye permitiendo la participación. Hostnik menciona como ejemplo la conversación que se volvió viral entre Scaloni y Leandro Paredes durante un partido. Para ella, esa escena refleja algo poco común: seguridad psicológica. “Todos sienten que pueden dar su opinión y contribuir a mejorar. El líder no necesita tener siempre la razón”.
Fernández Escobar interpreta el mismo episodio desde otra perspectiva. «Elija la claridad en lugar de querer tener razón». «Prefiere el resultado a cualquier símbolo de estatus”.
Hambre tras hambre
Otro desafío aparece cuando el éxito deja de ser una aspiración y se convierte en un hábito. ¿Cómo se mantiene la competitividad cuando ya está todo ganado?
Fernández Escobar resume esta dificultad en una expresión que bien podría aplicarse a cualquier organización: “hambre tras hambruna”, parafraseando a Fito Páez. Si en Qatar la motivación era ganar el Mundial, hoy el combustible es otro. “Ahora el estándar interno es más importante que el premio. Scaloni genera el deseo de ganar por el propio estándar competitivo”.
Ísola está de acuerdo. “Si uno todavía tiene hambre, se olvida de lo anterior y continúa buscando. Pero ahora lo hace con la experiencia, la humildad y la sabiduría de haber recorrido ese camino”.
Hostnik añade otro concepto. Habla de una “reserva emocional” que el equipo construye mucho antes de necesitarla. “La resiliencia no se improvisa en una final. Entrenas antes. Por eso, ante la adversidad, el grupo encuentra recursos que ya había desarrollado.”
Convivencia intergeneracional
Esta cultura también explica, según los especialistas, una inusual convivencia entre generaciones. En la Selección conviven campeones del mundo que superan los 35 años con futbolistas que recién inician su carrera internacional. Sin embargo, esta diferencia no parece generar tensiones visibles.
“Cuando domina el ego, la diferencia de edad crea competencia. Cuando la cultura domina, genera complementariedad“dice Fernández Escobar.
Hostnik encuentra allí otro rasgo distintivo: el sentido de pertenencia. “Scaloni invierte mucho tiempo en estar juntos más allá del campo. Trabajar la vinculación uno a uno y la cohesión grupal. Hay una pertenencia muy fuerte”.
Mientras tanto, Ísola vuelve a jugar el foco en Messi. “Su tranquilidad funciona como un unificador natural. Todos lo admiran y saben cuál es la referencia.”
La derrota ante España dejó a la Selección sin el bicampeonato mundial. Sin embargo, el mensaje de Scaloni tras el partido pareció reforzar muchas de las ideas que recorren esta historia. “España es la legítima campeona, hay que reconocerlo”, afirmó el técnico en la rueda de prensa, antes de resaltar el esfuerzo de sus jugadores y pedir que se ponga en valor el recorrido del equipo.
Ese reconocimiento no cambia el resultado. Pero sí revela una vez más la cultura que describen los especialistas: uno en el que pesan tanto como los triunfos la humildad, la corresponsabilidad y el respeto al rival. Porque la cultura no garantiza ganar siempre. Lo que hace es darle a un equipo la capacidad de sostener una forma de competir, incluso cuando el resultado no sea el esperado.








