El resurgimiento del consumo en la era Milei revela una fractura territorial preocupante
En medio de la era Milei, el panorama económico argentino comienza a mostrar una realidad preocupante: una clara fractura territorial en términos de recuperación del consumo. Mientras que el interior del país experimenta mejores indicadores y una dinámica relativamente más positiva, el Gran Buenos Aires sufre un deterioro significativo.
Según el último informe de Pensar Argentina elaborado en conjunto con Poliarquía, se ha detectado una «brecha récord» entre el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y el interior en el Indicador de Consumo Familiar (ICF). Este indicador, que mide el acceso efectivo de los hogares al consumo, ha registrado una caída del 3% con respecto al trimestre anterior y del 10% en comparación con el mismo periodo del año pasado.
Alejandro Catterberg, director de Poliarquía, explicó que el ICF se basa en comportamientos de compra concretos y no en expectativas abstractas, permitiendo así observar cambios en la capacidad de consumo real de las familias. El informe destaca que el deterioro del consumo no solo se debe a cuestiones de ingresos, sino también al nuevo mapa económico que ha surgido tras el cambio de modelo impulsado por Javier Milei.
El documento señala que el interior del país muestra señales más alentadoras que el GBA, debido al crecimiento de sectores exportadores y actividades vinculadas a la energía, la minería y la agroindustria. En contraste, el AMBA se ve más afectado por el deterioro de los salarios reales, el peso de las tarifas y los alquileres, y sectores vinculados al consumo masivo y al comercio minorista.
El informe también destaca que el consumo ya no funciona como una fotografía homogénea del bienestar social, ya que el comercio electrónico, las compras en el exterior y el acceso a financiación han transformado profundamente los hábitos de consumo. Esto ha generado un escenario donde algunos indicadores macroeconómicos muestran recuperación, mientras que muchos sectores comerciales continúan enfrentando debilidades.
En cuanto a las ventas de las pymes, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) reporta que el comercio minorista sigue experimentando una fuerte heterogeneidad, afectado por la pérdida de poder adquisitivo, mayores costos fijos, caída del consumo diario y competencia de plataformas digitales y productos importados.
En resumen, si bien parte del interior logra sostener la actividad gracias a los sectores exportadores, el AMBA concentra tensiones en los salarios, el empleo y la economía diaria. Esta divergencia en la recuperación del consumo no solo tiene implicaciones económicas, sino también políticas y sociales, marcando un desafío importante para el futuro del país.








