La llegada de Diego Santilli al jefe de Gabinete marca un hito en la política del Gobierno. Su figura dialogica busca fortalecer las negociaciones con gobernadores, legisladores y aliados en un momento crucial para la Casa Rosada, que busca impulsar su agenda de reformas en el Congreso.
La designación de Santilli consolida el crecimiento de la estructura libertaria, siendo un referente para el PRO y con la capacidad de reconstruir consensos con diversos sectores. Sin embargo, un informe de Consultoría Zentrix revela que su imagen presenta un desafío, con un 50,6% de percepción negativa y un 36,7% positiva. A pesar de esto, su balance es mejor que el de su predecesor, Manuel Adorni, quien dejó el cargo con un 73,6% de rechazo.
El informe también destaca que la imagen de Santilli está polarizada según la identidad política de cada votante. Mientras que el oficialismo lo apoya con un 80,5%, la oposición muestra un 80,3% de desaprobación. Además, su apoyo es mayor entre hombres que mujeres y mejora con la edad del encuestado, mostrando una aceptación del 41,1% entre los mayores de 60 años.
La llegada de Santilli podría representar una oportunidad para sumar una base electoral distinta, ya que su imagen es mejor en segmentos donde el presidente Milei tiene menor aceptación. Sin embargo, el informe también señala que su imagen es más positiva en los estratos socioeconómicos altos y medios, con un rechazo significativo en los estratos bajos.
En cuanto a las preocupaciones que enfrentará Santilli, el informe destaca la necesidad de conciliar agendas divergentes entre los electorados de Avances de la Libertad y la oposición. Mientras que la deuda y la corrupción son las principales preocupaciones para el primero, la incertidumbre económica y los ingresos y salarios son prioritarios para la oposición. Ambos sectores coinciden en el deterioro del bolsillo, con una presión mayor entre los votantes de la oposición.
En resumen, Santilli asume el desafío de gestionar una posición donde su base exige manejo de la deuda, mientras que la oposición prioriza el poder adquisitivo cotidiano. Dos agendas que deben abordarse con medidas distintas, pero que comparten una presión común. Su capacidad para conciliar estas demandas determinará su éxito como jefe de Gabinete en esta etapa crucial para el Gobierno.








