La inesperada crisis en Bolivia: ¿un reflejo para Argentina?
Nadie lo esperaba, ni siquiera él mismo, pero llegó. Triunfante en una segunda vuelta con diez puntos de ventaja sobre su competidor, su ascenso a la presidencia puso fin a la **proyecto político** que encarnó el ciclo de **“marea rosa”** en el país. Erigido sobre las ruinas de una economía caótica (**alta inflación**, **bajas reservas internacionales**, además de **alto déficit fiscal**) y surgiendo del “valle de los huesos secos” de los partidos tradicionales deslegitimados, se hizo cargo de una vociferación ciudadana de **transformación profunda** que penetró los cimientos del poder. Eso fue **Bolivia 2025**, aunque la ansiedad de los paralelismos podría habernos hecho encontrar reminiscencias de **Argentina 2023**.
A poco más de seis meses de asumir el Gobierno, Rodrigo Paz enfrenta una **ola de protestas violentas** junto con bloqueos que generan **escasez de alimentos básicos**, combustible y medicinas. El llamado a la renuncia presidencial por parte de ciertos manifestantes, entre los que se encuentran los **Centro de Trabajadores de Bolivia** (COB), campesinos, pueblos indígenas y organizaciones vinculadas a **Evo Morales** resuena peligrosamente en un país que, desde la recuperación de su **democracia** en 1982 experimentó salidas anticipadas por Hernán Siles Suazo (1982-1985), Gonzalo Sánchez de Lozada (2002-2003) y Carlos Mesa (2003-2005).
La **gravedad** de la situación, que compromete la estabilidad regional en términos de seguridad (debido a la ramificación de grupos narcocriminales) y **migración** (debido a la potencial dinamización de los flujos migratorios descontrolados), despertó las reacciones de países con administraciones **ideológicamente opuestas**. Javier Milei respondió a las solicitudes de ayuda humanitaria del presidente boliviano, gesto que recientemente fue replicado por su homólogo brasileño, Lula Da Silva, quien acompañó su ayuda con una exhortación a **pacificación** y respeto por **orden democrático**.
El comienzo sin aliento de Paz, en medio de un **colapso económico** heredado y dañado, nos ayuda a poner en perspectiva tanto el carácter como la magnitud de la crisis. **Problemas argentinos**. Quizás en la disección de las razones por las que Argentina no es (¿ni será?) **Bolivia terminamos revalorizando ciertos logros institucionales** de convivencia democrática y social acumuladas colectivamente en estas más de cuatro décadas de predominio del **orden constitucional**.
Por un lado, Bolivia tiene una **crisis de gobernanza** muy profunda con una sociedad civil que no termina de formar una **masa crítica de aceptación** de las reglas más básicas de **juego político y económico**. Allí interactúan una serie de problemas culturales de resistencia a la forma de organización capitalista occidental, con un peso muy relevante de **economía informal** entre las que se encuentran actividades ilegales asociadas a la economía de las drogas.
La penetración del narcotráfico fue decisiva y **las redes mundiales del crimen organizado estaban acaparando recursos** a costa de la pérdida del monopolio estatal sobre la violencia. De ahí la presencia de muchos poderosos actores no estatales que hoy forman parte del **paisaje boliviano cotidiano**. En este contexto, los gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS) optaron por un peligroso acercamiento con actores violentos del **sistema internacional** vinculado al régimen iraní y a Hezbolá, con un papel destacado en la **logística del negocio de las drogas**.
A la luz de estas configuraciones, surge muy claramente que Argentina está lejos de tener una **crisis de gobernanza**. Es posible que experimentes conflictos dentro de la clase política debido a desacuerdos sobre aspectos más periféricos en torno a **cuestiones de la economía, la sociedad y la política**, pero no hay actores que pongan en tensión las reglas mismas que organizan el sistema. Además, los problemas que ocurren en el seno del poder responden a **disputas entre facciones palaciegas** pero esto no se traduce en sectores organizados de la sociedad que representan intereses completamente opuestos y que están dispuestos a ir al **choque en las calles** tratar de prevalecer sobre el grupo contrario.
Por otro lado, nos falta una **división regional** tan marcada como la vivida en Bolivia entre los **Este** y el **Oeste** que proyecta identidades nacionales muy divergentes. Si bien contamos con un territorio igualmente diverso, nos hemos dotado de mecanismos de agregación e interrelación que son **tienen un orden relativo** a pesar de los conflictos históricos entre el centro y la periferia, lo que se traduce en la lucha entre los **estado nacional** y el **estados provinciales** por **recursos fiscales** y **administrativos**.
En definitiva, el caso del país vecino nos ayuda a seleccionar el tamaño de marco adecuado para enmarcar nuestro collage de cuentas pendientes, **logros alcanzados** y **aspiraciones perseguidas**. Bolivia nos alerta sobre los problemas de gobernabilidad en los que **puede caer por la ausencia de un proyecto integrador nacional** de las diferentes realidades regionales y sociales y ante el avance de un “**estado fallido**». Al mismo tiempo, nos obliga a ser cautelosos respecto de las críticas que se hacen a la trayectoria de la Argentina en las últimas décadas. Incluso en nuestra dinámica de **crisis económicas** Discurso recurrente y polarizado, las reglas del sistema son aceptadas por todos. Hay razones para creer que **somos un juego posible**.








